Enseñanzas que deja el paso del coronavirus

Estamos viviendo unos días que van a quedar grabados en nuestra memoria para el resto de nuestras vidas. Las personas que pertenecemos al primer mundo hemos estado acostumbradas a ver todo tipo de desastres a través de los medios de comunicación, pero como si la fiesta no fuera con nosotros.

Para no perder la perspectiva, lo primero que hay que poner encima de la mesa son los datos, y si los comparamos con cualquier epidemia de gripe, en principio no debería de generar esta situación de alarma. Según datos del Centro Nacional de Epidemiología, las personas fallecidas en el Estado español por gripe en la temporada 2018-2019 ascendieron a 6.300 fallecidos y 35.300 personas fueron hospitalizadas. En este momento los fallecidos por el coronavirus ascienden a 295 personas y los contagiados a 7.989 personas[1].  Tampoco hay que perder de vista que la mayoría de los fallecidos por coronavirus tenían otras patologías y/o eran personas de edad avanzada. No dejo de tener presente que este virus, entre otras cualidades, tiene una facilidad de expansión muchísimo mayor que cualquier otro virus y su mayor mortalidad.

Lo cierto es que en estos momentos nos encontramos en una situación que la inmensa mayoría de la población nunca habíamos experimentado hasta ahora, con unas medidas excepcionales en materia sanitaria impensables en los países ricos y ante esta situación parece que se está acabando el mundo. Todo esto nos debería de hacer reflexionar y aprender algunas lecciones.

La primera reflexión que voy a realizar es desde un punto de vista global, como sociedad perteneciente a ese Primer mundo, en el que se mira al resto del Planeta por encima del hombro.

Lo que nos está sucediendo es producto de una catástrofe sanitaria, que podía haber sido una catástrofe natural (terremoto, inundaciones, etc…). Todo este tipo de situaciones se producen al margen de la voluntad del hombre, pero también las hay, y esas son las más terribles, por culpa de la actuación de ser humano. Ambos tipos catástrofes nos deberían de ayudar a sacar conclusiones para el futuro inmediato, pero ahora me voy a ceñir a las que genera el hombre como consecuencias de sus decisiones.

Desde el final de la II Guerra Mundial, los países occidentales se han dedicado a exportar y a propagar todo tipo de conflictos a lo largo y ancho de este mundo. Hemos visto como cientos de miles de personas inocentes morían en bombardeos que realizaban países del primer mundo o eran cooperadores necesarios, porque facilitaban armas a todo tipo de países de las zonas en conflicto. Los países occidentales han llevado la guerra, la violencia  y la miseria a países como Palestina, Iraq, Libia, Yemen, Siria, África Central, etc… y con una única finalidad: expoliar todas las riquezas de los países del Tercer mundo. Esos conflictos y formas de explotación económica lo que han generado son muerte, pobreza, exilo y éxodo en esos países. Todo ello para que en Occidente se viviera mucho mejor y acrecentar las diferencias entre unos países y otros. La respuesta de las sociedades occidentales ha dejado mucho que desear, careciendo de un mínimo de sensibilidad y solidaridad. Sólo hay que ver la tragedia diaria que se da en el Mediterráneo o los diez años de guerra en Siria.

Ante todo ese cúmulo de desastres provocados, es curioso que con el problema del coronavirus entremos en pánico, como si esto fuera una película de ciencia ficción en la que el fin del mundo está a la vuelta de la esquina. El egoísmo de Occidente nos ha llevado a no querer ver todos los desastres provocados por las grandes potencias, que han pasado en otras latitudes. Algunas a la vuelta de la esquina, y lo único que nos ha preocupado es que los efectos colaterales nos pudieran salpicar. Un ejemplo de esto último, y de los más elocuentes, es cuando en la prensa salía información relativa al avance de algunas de las facciones del Estado islámico en el Norte de África, en concreto en Libia. Los titulares nos decían que ya estaban muy cerca de Europa. Daba igual lo que le ocurriera a la población que se encontraba en sus manos. Lo importante era que en Europa no pasase nada. Por tanto, sería necesario que las sociedades de los países ricos aprendieran alguna lección con la situación de alarma que está generando la crisis del coronavirus y a partir de ahora diera un giro de ciento ochenta grados y se actuara con criterios de solidaridad y humanidad, pero sin poner excusas ni salvedades.

La segunda reflexión que nos trae el coronavirus es que uno se vuelve a topar con la realidad, que, por cierto, es muy testaruda. Este tipo de situaciones de excepcionalidad nos vuelven a demostrar que el actual sistema no sirve para dar respuestas a las necesidades de la mayoría de la población y, sobre todo, a la más vulnerable. Esa parte de la sociedad que todavía no ha salido de la anterior crisis. Todavía no había sacado la cabeza del pozo cuando se la han vuelto a meter de un puntapié.

El coronavirus ataca a cualquier persona, independientemente de su poder adquisitivo, pero las secuelas que deja no son iguales para todo el mundo. El coronavirus está dejando al descubierto las políticas neoliberales, que con la excusa de los recortes, decidieron desmantelar la sanidad pública para convertirla en el negocio de sus amiguetes. Eso sí, con la frase recurrente, pero falsa, que era para la optimización del gasto y los recursos. Otra de las consignas con las que nos ha bombardeado el discurso liberal era que había que bajar impuestos, porque el dinero está mejor en el bolsillo de los ciudadanos que en el del Estado. Como si los servicios sociales, entre los que se encuentra la sanidad, se pagasen con ayuda divina. La crisis del coronavirus ha tocado en la línea de flotación de los mensajes liberales pero, sobre todo, en los dos que acabo de exponer.

Por eso estamos en un momento único para desmontar este discurso económico liberal que lo único que ha aportado a la humanidad es el aumento de las desigualdades en todo el planeta. Estamos en un momento crucial, porque es necesario dar la vuelta a la hegemonía del discurso liberal y evitar la posibilidad que el discurso populista de extrema derecha triunfe bajo el paraguas de una supuesta seguridad. Intentarán vender que la seguridad está por encima de derechos y libertades, pero detrás de ese discurso lo que se esconden son políticas que generarán muchas más desigualdades. A día de hoy no ha salido ningún representante de la extrema derecha denunciando que la aplicación salvaje de ERES y ERTES por parte de las empresas la van a sufrir los sectores más débiles de nuestra sociedad. Se envuelven en una bandera para defender sus intereses de clase.

La última cuestión que quiero tratar es la situación particular que se está viviendo en el Estado español. Los acontecimientos de la última semana han sido vertiginosos y en cuestión de horas nos hemos introducido en la oscuridad de un túnel muy similar al que fueron los años más duros de una crisis de la que muchos a día de hoy no han podido salir. La crisis económica y el coronavirus tienen algunos denominadores comunes.

El primero, sin ninguna duda, es que el coste va a recaer sobre los trabajadores. No ha habido tiempo para que las empresas notases el efecto del coronavirus y los ERES y ERTES empiezan a proliferar como las flores en primavera. Y lo más grave es que gracias a la incapacidad de este Gobierno, que después de más de dos meses, ha sido incapaz de derogar la reforma laboral que aprobó el PP cuando no llevaba ni dos meses gobernando. Otros cooperadores necesarios en este desastre están siendo los dos sindicatos mayoritarios a nivel de todo el Estado (CCOO y UGT). Les ha faltado tiempo para facilitar los despidos y suspensiones de contratos de trabajo.  Y el lazo que adorna todo este escenario de incertidumbre y miedo es la preocupación de algunos por la caída de la bolsa, que no deja de ser un mercado especulativo que en muchos momentos no se rige por datos económicos, sino por las presiones especulativas de los grandes inversores. No creo que un trabajador que le cuesta llegar a fin de mes en condiciones normal pueda tener como preocupación la caída del Ibex 35.

Para finalizar, la crisis del coronavirus está siendo una auténtica cortina de humo para poder sacar adelante una respuesta a toda la corrupción existente en la monarquía española. El virus se ha convertido en el mayor aliado del monarca español y de su familia. La decisión que ha tomado Felipe VI no deja de ser una operación rápida y bien calculada para lavar la imagen de la Corona y que los escándalos de la familia real pasen desapercibidos. Las ultimas publicaciones empezaban a deteriorar la imagen, de por sí bastante mala, de todo lo que suena a Monarquía española y la familia que la compone. Hubiera sido interesante ver que hubiese ocurrido con todas las informaciones aparecidas si en este escenario no hubiera hecho acto de presencia el coronavirus. Con motivo de la pandemia han cancelado todo tipo de apariciones públicas. Vamos a ver si con el problema del coronavirus el monarca realiza una declaración como la que protagonizó el 3 de octubre de 2017.


[1] Dato obtenido de la edición digital del diario El País a las 11,10 horas del día 16 de marzo de 2020.

Presentación

La creación de este blog es fruto de una idea que me llevaba rondando en la cabeza y que no era capaz de plasmar.  Al final he pensado que para equivocarse primero hay que experimentarlo. Si no doy este paso nunca podré saber si he acertado o me he equivocado.  Así que voy a empezar esta andadura que espero que sea satisfactoria, amena, interesante y, por qué no, divertida. Con las cosas y temas serios también se puede divertir uno. Hay que conjugar la seriedad con el placer y la diversión que puede producir hacer cosas que a uno le pueden reportar un sentimiento agradable.

En mi blog voy a escribir, sobre todo, de política, pues Aristóteles nos dice en su obra Politiká que “el humán es por naturaleza un animal político y, por tanto, aun sin tener ninguna necesidad de auxilio mutuo, los hombres tienden a la conviviencia…”, pero cuando utilizo la palabra política no estoy ciñéndome a lo que el común de los mortales entienden por este término que tiene que ver más con la actualidad política diaria. Mi intención es escribir sobre política como concepción en la que se mezcla con el derecho, la filosofía, la ética y la economía. Soy consciente esto pueden ser unas arenas movedizas de lo más peligrosas. Mi única arma será la palabra. Esto si que, por ahora, no nos lo pueden recortar. Otra de las actividades que quisiera realizar en este blog es el comentar, con alguna breve reseña, algunos libros que estime que son de interés.

Espero a los que decidáis a leerme que los temas os sean de interés y que no os aburra. Ni mucho menos tengo la intención de que compartáis mis exposiciones pero sí que os sirvan para que tengáis un punto de vista diferente.