Palestina: la existencia negada

Palestina: la existencia negada

A día de hoy se han acabado todos los adjetivos para describir lo que está sufriendo el pueblo palestino en la Franja de Gaza y Cisjordania. No es que este genocidio tenga su origen hace algo menos de dos años, pues ambos enclaves palestinos llevan décadas siendo objeto de las políticas de exterminio del Estado de Israel, pero lo que está sucediendo desde hace en estos últimos tiempos, podríamos decir que es una de las situaciones más graves, sino la que más, que se ha vivido en el planeta desde el final de la II Guerra Mundial.

Palestina: La existencia negada
Las familias de Gaza viven en tiendas de campaña entre las ruinas de sus antiguos hogares. © UNICEF/Mohammed Nateel

Palestina y, en concreto Gaza, se ha convertido en un gran genocidio en el que el brazo ejecutor es Israel, con la cobertura militar, político y financiera de los EEUU y la UE. Algo que no es nuevo, y que nos está mostrando quién o quiénes son los que realmente mandan en este mundo, pues el hecho de que un Estado tan pequeño como Israel, con una capacidad económica limitada para poder mantener el poderío militar que lleva demostrando a lo largo de muchas décadas, actuando con total impunidad, al margen de las resoluciones de la ONU, y con la capacidad para imponer a las grandes potencias sus políticas genocidas contra el pueblo palestino, sin que nadie le rechiste, solo puede darse gracias al respaldo de esos poderes políticos y económicos que están en la sombra, por encima de los gobiernos, y que son los que mueven los hilos ocultos de la economía y la geopolítica del planeta, donde, no olvidemos, el sionismo tiene una fuerza abrumadora.

Todo esto no es nuevo, otra cosa es que no haya más ciego que el que no quiere ver, y que desgraciadamente sea ignorado por muchos ciudadanos europeos y del resto del mundo, porque de los gobiernos occidentales ya nada se puede esperar. Lo que está sucediendo en la actualidad en Palestina, y que es extensible a todo Oriente Próximo, es de una gravedad sin precedentes, porque Israel es el elemento desestabilizador de toda la región; no hay conflicto en la zona en el que, ya sea a la vista de la Comunidad Internacional o de forma un tanto oculta, no esté la mano negra del sionismo.

Todo conflicto tiene sus antecedentes y causas, pero en el caso del pueblo palestino están aún más acentuadas. El pueblo palestino ha vivido pacíficamente a lo largo de los siglos en una tierra que tiene nombre, Palestina, y que está ubicada entre el Mediterráneo y el Jordán, entre las montañas al norte de Galilea y el desierto de Neguev al sur. Algo sencillo, pero necesario remarcar porque en la actualidad se está construyendo un relato en el que se intenta borrar de un plumazo más de 2.000 años de historia del pueblo palestino y de la tierra que habitaba.

Palestina: La existencia negada
Teresa Aranguren Amezola

Pues bien, para desmontar todo ese discurso construido para ocultar la realidad, hoy traigo a este blog un libro de la periodista Teresa Aranguren, que con el título “Palestina: la existencia negada” (Ediciones del Oriente y del Mediterráneo), publicado en abril de 2025, realiza un repaso a la historia de Palestina y a todos los acontecimientos que han ido marcando el devenir de este pueblo para desmontar ese discurso del sionismo que niega su existencia y, por tanto, la de un pueblo milenario, el palestino. Y después de su lectura no hay lugar a dudas que el objetivo de la autora ha sido logrado con creces.

Es un texto sencillo para acercar al público la cuestión palestina, pero que, a su vez, aporta una serie de datos de gran importancia para desmontar mitos y propaganda sionista y poder entender la historia del pueblo palestino, y el conflicto existente que se remonta a la década de los 80 del siglo XIX, con el nacimiento del movimiento sionista.

Al hablar de la historia, Teresa Aranguren se expresa en los siguientes términos: “Una de las condiciones del tiempo pasado es que ya está cumplido y no puede eliminarse. Se puede falsear, silenciar, ocultar, pero no borrar su rastro de los libros de historia, viajes, documentos, restos arqueológicos y, sobre todo, de la memoria, que si bien es perecedera como los seres humanos, también es transmisible de padres a hijos y a los hijos de los hijos”, y este ensayo nos muestra que hay un lugar en el mapamundi que a lo largo de los siglos ha sido conocido con el nombre de Palestina habitado por los originarios de dicho territorio.

Uno de esos bulos sobre los que se asentaba el movimiento sionista a finales del siglo XIX no era otro que el eslogan que lanzó el judío británico Israel Zangwill “Una tierra sin pueblo para un pueblo sin tierra”, frase que se convierte “en una carta de presentación del movimiento” sionista, pero que Teresa Aranguren lo denomina como “una gran mentira”, siendo las páginas de este ensayo la mejor herramienta para tirar por tierra ese discurso negacionista.

Uno de los logros de este trabajo es que desmonta de forma sencilla “los dos grandes mitos inaugurales del sionismo, la tierra vaciada, y el desierto hecho florecer”, pero, como bien dice la autora, “han sido muy eficaces a la hora de borrar la existencia del pueblo de Palestina”. Para desarticular estos mitos, en este libro podemos encontrar testimonios escritos de escritores y viajeros que a finales del siglo XIX viajaron por Palestina y que la describieron como una tierra que en modo alguno era un desierto, donde sus habitantes cultivaban una gran diversidad de productos, hablando en todo momento de una tierra fértil.

Para entender “The Palestian Question” (término utilizado por los ingleses a la hora de tratar el proyecto sionista), Teresa Aranguren pone el acento en las políticas coloniales que llevaron a cabo las potencias europeas a principios del siglo XX y que fueron uno de los motivos que desencadenaron la Primera Guerra Mundial, siendo Gran Bretaña la potencia que fue allanando el camino a las aspiraciones sionistas, pues como se expone en este ensayo, la Administración británica va poniendo las bases para la creación de un Hogar Nacional Judío en Palestina, expresándose el ministro de exteriores de Gran Bretaña, Lord Balfour, en los siguientes términos: “En Palestina ni siquiera nos proponemos pasar por la formalidad de consultar los deseos de los habitantes del país. Las cuatro grandes potencias están comprometidas con el sionismo, correcto o incorrecto, bueno o malo, está anclado en antiquísimas tradiciones, en necesidades actuales y en esperanzas futuras de mucha mayor importancia que las aspiraciones de los 700.000 árabes que habitan esta tierra antigua”. Ya se empezaba a entrever el futuro que tenían reservado para el pueblo palestino.

Palestina fue un territorio por donde a lo largo de los siglos pasaron diferentes civilizaciones y ejércitos que la dominaron, pero los habitantes de esa tierra en ningún momento fueron expulsados, pues convivieron con diferentes culturas y religiones. Asirios, babilonios, árabes musulmanes, cruzados, mongoles, mamelucos de Egipto y otomanos fueron pueblos que dominaron Palestina, sin olvidar a inmigrantes cristianos que iban a Tierra Santa. Como se resalta en este libro, a diferencia de todos esos pueblos, “el objetivo final de la colonización sionista de Palestina no era el sometimiento y el control político y económico de la población autóctona sino su sustitución por otra”, y es lo que estamos viendo en los últimos cien años, pues como bien se recoge en este ensayo, en 1922 tan solo el 10% de la población era judía frente 76,9% musulmana o el 11,6% cristiana, y en lo que respecta a la propiedad de la tierra, “solo el 2,4% de la superficie total del país estaba en manos del movimiento sionista”. Esto era un dato que no pasaba desapercibido para el sionismo, y así lo describe Teresa Aranguren, cuando recoge en su trabajo la manifestación que realiza en 1940 Yosef Weitz, director del Fondo Nacional Judío, que se expresa en estos términos: “La empresa sionista ha hecho un buen trabajo con la adquisición de tierras. Peo así nunca conseguiremos contar con un Estado. El Estado se nos tiene que dar de una sola vez como la salvación (¿no es ese el secreto de la idea mesiánica?). No existe otra forma que desplazar a los árabes, a todos los árabes. Quizá con la excepción de Belén, Nazaret y la ciudad vieja de Jerusalén, no debemos dejar ni un solo poblado, ni una sola tribu. Todos deben poner rumbo a Siria y a Irak, incluso a Transjordania”.

No cabe duda que en discursos como este se inspiró el sionismo para, entre 1947 y 1948, realizar las operaciones militares para expulsar de su territorio a la población árabe, lo que se conoce como Nakba, y que en este ensayo se relata y documenta cómo fue ejecutada por grupos armados del movimiento sionista, una auténtica limpieza étnica con el beneplácito del ejército británico que estaba desplegado en Palestina y de la Comunidad Internacional; recoge testimonios y datos de todas las poblaciones palestinas que sufrieron los ataques, desmontando esa “idea, muy extendida en la opinión pública occidental, de que la huida en masa de la población palestina de sus hogares y sus tierras fue consecuencia del caos generado por la primera guerra árabe-israelí, no se corresponde con los datos y los hechos ocurridos mucho antes de que ningún ejército árabe hubiera entrado en Palestina”. Entre esos testimonios que recoge este ensayo, es escalofriante leer el que aporta el historiador israelí Benny Morris, acerca de la actuación de los grupos armados israelís, con el agravante que justifica la actuación “como un mal necesario para la consecución del Estado judío”.

En este libro podemos encontrar como Menahen Beguin y Yitzal Shamir, en aquellos momentos miembros del grupo terrorista Irgun, y que con posterioridad llegaron a ser primeros ministros de Israel, fueron algunos de los responsables de las matanzas de la Nakba. Y en el marco de esa impunidad, es donde hay que situar el atentado que realizó el grupo terrorista anteriormente citado contra el enviado especial de la Naciones Unidas para investigar los hechos producidos durante la Nakba. Por ello Teresa Aranguren tira por tierra la versión existente de cómo se nació el Estado de Israel, al decir que “la versión idílica de cómo se creó el Estado de Israel se asentó sobre la negación y el silenciamiento de lo ocurrido con la población palestina. El término “limpieza étnica” quedó proscrito de la versión oficial y épica de la creación del Estado”.

Para el sionismo la resolución de la ONU, que planteaba la partición de Palestina en dos estados, uno árabe y otro judío, fue un triunfo del sionismo, pero en palabras de Teresa Aranguren “los dirigentes sionistas eran muy conscientes que sin la mayoría demográfica y sin la propiedad de la tierra, dicho Estado no sería posible. La resolución de partición de Palestina llevaba el germen de la limpieza étnica que vino después”.  Esta es la piedra donde se asienta el proyecto sionista para echar a los palestinos de sus tierras y que hoy día lo sigue aplicando a rajatabla.

Cuando se habla de terrorismo en este conflicto, únicamente se menciona el terrorismo de los grupos palestinos, pero es curioso que se pase por alto el terrorismo sionista en la consecución de la creación del Estado de Israel, y no me estoy refiriendo a lo que se conoce como Nakba, sino a los atentados que grupos terroristas sionistas perpetraron contra la Administración británica, y que generaron muchos muertos.

Este trabajo nos muestra como una vez creado el Estado de Israel y de haber realizado la primera Nakba, la hoja de ruta del sionismo no se ha desviado un ápice. La estrategia ha sido muy clara, ir a la confrontación armada contra los países árabes de su alrededor, con el respaldo de EEUU y la inmensa mayoría de los países occidentales para ir arrebatando territorio al pueblo palestino y a los estados vecinos, y cada negociación ha sido una maniobra para continuar con sus políticas de expulsar a los palestinos de sus tierras. Si por algo ha destacado la política sionista de Israel es por no cumplir ningún tipo de resolución de la ONU, y haciendo saltar por los aires los acuerdos suscritos en Oslo con la OLP y cualquier posibilidad de resolución del conflicto.

Para entender lo que está sucediendo en la actualidad, en lo que se puede calificar como la nueva Nakba, Teresa Aranguren no duda al manifestar que “la clave de la fuerza de Israel no está solo en el poderío de la maquinaria militar sino en la garantía de su impunidad”.

En este ensayo hay un lugar para denunciar la manipulación informativa, en concreto a la hora de informar de los ataques que realiza el ejército israelí, “sembrando dudas”. Una herramienta eficaz para “posponer su impacto ante la opinión pública”,

En estos momentos a todos aquellos que rechazamos la situación del pueblo palestino, no nos queda otra opción que seguir denunciando el genocidio que está sufriendo por parte del Estado de Israel, con protestas multitudinarias y masivas, compartiendo la información que nos hacen llegar periodistas que se están jugando el tipo; a día de hoy van 244 periodistas que han sido asesinados por el ejército israelí en Gaza; su presencia es fundamental porque son testigos de lo que está sucediendo, y sin su testimonio el mundo no estaría informado de este genocidio, por eso son un objetivo del gobierno israelí. Pero otra forma de apoyar al pueblo palestino es, sin duda alguna, la publicación de libros como éste de Teresa Aranguren, que ayudan a dar a conocer las raíces de un conflicto que no ha comenzado el 7 de octubre de 2023, con el ataque de Hamas y otros grupos palestinos, como quiere hacer ver el gobierno israelí, sino que es necesario echar la mirada atrás en el tiempo para poder comprender y empatizar con la lucha del pueblo palestino.

Palestina: La existencia negada

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