KURDISTÁN prácticas de otro mundo posible

KURDISTÁN prácticas de otro mundo posible

“Nuestra lucha no ha sido ni podrá ser contra ninguna raza, religión, secta o grupo específico. Nuestra lucha ha sido contra la represión, la ignorancia y la injusticia, contra el subdesarrollo forzado y contra toda forma de opresión”.

Abdullah Öcalan

Hablar de Kurdistán es poner sobre la mesa todas las miserias de los países occidentales en sus políticas colonialistas e imperialistas en aras de primar sus intereses geoestratégicos y económicos. El pueblo kurdo es uno de los muchos que ha sufrido en sus carnes las consecuencias de los tratados internacionales firmados entre las potencias internacionales en los dos últimos siglos.

En el caso de los kurdos, se puede decir que  hasta hace pocas décadas “no existían. Nadie los conocía. No existían en el mapa ni tampoco como entidad política”. Los elementos de la ecuación que han provocado la situación de este pueblo eran sencillos: de un lado, la descolonización de Medio Oriente se hizo de espaldas a los pueblos y etnias que lo habitan y, de otro, las políticas de sometimiento y represión del pueblo kurdo por parte de Irán, Iraq, Siria y Turquía, estados que se reparten el territorio Kurdo, y dentro de las políticas de estos cuatro estados hay que resaltar y denuncuar el nacionalismo otomano de los diferentes regímenes turcos, sus políticas expansivas en la zona de Medio Oriente y la gestión que hacen de su posición geoestratégica para presionar a Europa a la hora de defender sus intereses.

Para hablar de Kurdistán, hoy traigo a este blog un libro pequeño en tamaño, pero extraordinario en contenido, en el que en poco más de 110 páginas el lector conocerá de primera mano la lucha del pueblo kurdo y el proyecto que está llevando a cabo en las últimas décadas, donde está rompiendo los estándares de lucha y organización que conocemos en los diferentes procesos de liberación nacional que hay en el planeta. “Kurdistán prácticas de otro mundo posible” es un trabajo realizado por Orsola Casagrande (Italia) y Adem Uzun (kurda), en colaboración con Suargi Elkartea,  y publicado por la editorial Zorrotz Liburuak a finales de 2022

En una región caracterizada por la diversidad de pueblos, culturas, religiones, donde en muchos casos la represión hacia las minorías ha sido el denominador común, el proyecto que está llevando a cabo el pueblo Kurdo está sirviendo para dar a conocer que otro mundo es posible, en concreto en Rojava, donde llevan casi dos décadas poniendo en práctica el modelo de Confederalismo Democrático teorizado por Abdullah Öcalan.

En el primer bloque la periodista Orsola Casagrande nos hará un recorrido por las regiones de Kurdistán y la situación en la que se encuentra cada una de ellas en función de en qué estado estén enclavadas, lo que ayuda a entender los diferentes procesos que se dan dentro el pueblo kurdo. Dedicará gran parte de su trabajo a analizar las experiencias políticas y organizativas que el pueblo kurdo ha puesto en marcha aplicando el modelo del Confederalismo Democrático en Baku (la parte ocupada de Turquía) y en Rojava-Federación del Norte y Este de Siria.

Los orígenes del movimiento de liberación Kurdo se sitúan a finales de los años 70 con el nacimiento del PKK, pues en palabras de la militante kurda  Sakine Cansiz “si hay una cuestión kurda es gracias al PKK”.

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Bandera del Partido de los Trabajadores del Kurdistán PKK

Orsola Casagrande, a través de testimonios de militantes y activistas kurdas que en primera persona expondrán sus experiencias a lo largo de sus años de lucha, nos irá introduciendo en la Revolución de Rojava, en el contexto de la guerra que se produjo en Siria a partir del estallido de las “primaveras árabes” y convirtiendose en una guerra total, con la participación de una serie de actores armados en territorio sirio, donde los crímenes de guerra fueron una constante. Los kurdos en Rojava tomaron varias decisiones que han sido trascendentales en su devenir. La primera hay que situarla en el inicio de la guerra en Siria; ante el gobierno del Baath, que siempre los había reprimido y la oposición Siria, decidieron no alinearse con ninguna de las partes, lo que se conoce como la “tercera vía”. La segunda es que “los kurdos en Rojava vieron la posibilidad de poner en práctica el modelo de Confederalismo Democrático desarrollado por Abdullah Öcalan”.

El libro nos muestra los diferentes pilares sobre los que se ha construido la Revolución de Rojava. El más importante ha sido el papel que han jugado las mujeres kurdas, porque han sido las que más han sufrido la violencia del Estado Islámico y que mejor forma de conocerlo que a través de la experiencia de Meryem Kobanê, una de las comandantes que participó en la liberación de Kobanê. Ella nos irá explicando su experiencia en la organización de milicias de mujeres para luchar contra el ISIS y para “demoler los valores dominantes de los hombres”.

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Guerrilleras kurdas

Uno de los apartados de este bloque que no quiero dejar pasar por alto es el relativo a “la liberación de Kobanê, la reconstrucción y la sanación de heridas” para el logro de la paz verdadera, en la que “se dejan atrás sentimientos de rechazo y de repulsión”, y para dar a conocer esta labor nada mejor que las experiencias de varios activistas que han desarrollado su labor en pro de los DDHH entre las mujeres y niños que han sufrido los horrores del ISIS, así como trabajando con mujeres e hijos de militantes del Estado Islámico que se encuentran en los campos de refugiados, y con la preocupación de todas estas personas enfocada en el peligro latente de las “células durmientes financiadas y apoyadas logísticamente por Turquía que representan una amenaza muy seria para la estabilidad de toda la zona” y la inacción de la Comunidad Internacional.

En este apartado iremos viendo como la educación y la cultura han sido unos de los pilares para avanzar en el Confederalismo Democrático, desde la óptica que la diversidad es una riqueza y no un problema, y uno de sus logros ha sido la participación de los pueblos que componen la sociedad, kurdos, árabes, armenio, asirios, chechenos y la promoción de todas la culturas que están presentes en este territorio, introduciendo el kurdo en las escuelas y la universidad, cosa que el gobierno del Baath no lo permitía como lengua vehicular. El sistema está basado en el respeto a la diversidad lingüística, los niños de las diferentes culturas tienen la posibilidad de estudiar, además de en su idioma, otro de su entorno, junto con el inglés. Conoceremos la labor realizada a la hora de creación de una universidad en la que se vean reflejados estos valores y la importancia que ha tenido el cine en este proceso revolucionario.

El recorrido de la periodista italiana por este bloque la llevará a retrotraerse en el tiempo para darnos una visión de lo que ha sido la lucha del pueblo kurdo en Turquía, donde el PKK encabezó la resistencia armada y donde el pueblo kurdo se organiza a nivel político, desarrolla una actividad cultural en todos los ámbitos, entre ellos en el cine, pero viviendo en todo momento con la espada de Damocles de la represión de los gobiernos kurdos, independientemente que hayan sido juntas militares fascistas producto de algún golpe de estado o en la actualidad los gobiernos del AKP de Erdoğan. Las continuas ilegalizaciones de organizaciones políticas en las que se organiza la comunidad kurda, el encarcelamiento de sus políticos, la persecución, asesinato de periodistas kurdos y la represión generalizada en sus territorios ha sido una constante a la que han tenido que hacer frente y de la que encontraremos innumerables datos en este libro.

En lo referente a la situación de los kurdos en Iraq, el trabajo de Orsola Casagrande sintetiza lo que representa la administración autónoma kurda de la mano de Masud Barzani, a la que no duda en calificarla de corrupta, el papel que juega en las relaciones con Turquía y lo que supone negativamente para la resistencia del PKK en las montañas entre el Kurdistán turco e iraquí.

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Mitin pro independencia en Erbil. Kurdistán iraquí

De forma similar trata la situación de los kurdos en Irán y las revueltas vividas en 2022 como consecuencia del asesinato de la joven kurda Jina Amini. Expone la lucha de las organizaciones kurdas por lograr unas bases democráticas en la que puedan coexistir todas culturas, religiones y etnias y garantizar constitucionalmente los derechos de las mujeres, cosa que hasta la fecha el régimen iraní niega todos estos derechos.

El segundo bloque corre a cargo de Adem Uzun, perteneciente al Consejo Administrativo del Congreso Nacional de Kurdistán (KNK). Aquí nos vamos a encontrar las bases ideológicas y políticas de lo que Abdullah Öcalan denomina “Sistema de Civilización Democrática

Adem Uzun nos irá introduciendo en la teoría de Öcalan que es el pilar ideológico sobre el que el pueblo kurdo ha fundamentado su proyecto, sobre todo en Rojava. Me voy a detener en algunas cuestiones que me han parecido interesantes porque sirven para abrir un debate acerca del Estado, algo que parece olvidado en la izquierda occidental.

El análisis que realiza del siglo XX le lleva a plantear que en la etapa capitalista “se produce el apogeo del sistema jerárquico estatista, que ha conducido a la humanidad a la actual crisis estructural y existencial de la humanidad”, y que tampoco desde la izquierda se han resuelto los problemas sociales. A partir de estas realidades construye la expresión “Era de la Civilización Democrática” o “Tiempo de los Pueblos”.

Öcalan enfrenta la democracia con el Estado, al entender superada esa etapa en la que el ejercicio de la democracia es una forma de expresión del propio Estado. “La democracia es el autogobierno de todos los sectores sociales no estatales (el pueblo)”, por lo que “democracia es el autogobierno del pueblo”, al margen del Estado, puesto este está por encima del pueblo.

Parte de una concepción radical de la democracia que no tiene nada que ver con el concepto liberal, puesto que la base de ella está en la sociedad y no en las instituciones del Estado (parlamentos, gobiernos…) que no dejan de ser instrumentos para “enmascarar el sistema de dominación y explotación”. Las teorías del líder kurdo desbordan la democracia representativa para que el pueblo no sea un “sujeto pasivo de su propia realidad”, pues “para que exista la democracia, como autogobierno del pueblo, el pueblo debe ser poder” y para ello necesita articularse para poder participar, discutir y decidir y ese es el papel que desempeña el Confederalismo Democrático que funciona como un sistema de asambleas puesto que la democracia tiene un sentido comunal.

Con el desarrollo de sus teorías, el líder kurdo crea en el ámbito de las Ciencias Sociales la escuela del Sistema de Civilización Democrática, cuya  unidad básica es la moral y la política, que son la base de la esencia del hombre y de la sociedad. En lo referente al termino moral, le da un sentido diferente al que se le da en el sistema estatal jerárquico, pues “moral es la socialización misma y es una realidad que humaniza, un estado de práctica comunitaria donde todos son el uno para el otro, complementándose”. Si los crímenes contra la sociedad en el proceso de civilización son una ruptura con la moralidad, entonces “el capitalismo es el sistema más inmoral conocido”.

Enfrenta el estado (sistema estatal-esclavista) y el pueblo (sistema civilizatorio democrático) a la hora de hablar de la sociabilidad no estatal, al ser “fenómenos contradictorios que viven en constante pugna”.

Para finalizar, el tercer bloque del libro nos hablará de la experiencia de solidaridad internacionalista vivida por la ONG SUARGI Elkartea, con el hermanamiento entre los pueblos de Durango y Kobanê. Nos irán dando a conocer las diferentes labores que han llevado a cabo  en el campo de la ayuda y solidaridad con el pueblo de Kobanê y, en concreto con sus mujeres, pues es un proyecto internacional que tiene como objetivo el hermanamiento de las mujeres de ambas poblaciones.

Los proyectos que realiza la ONG SUARGI Elkartea en la zona de Kobanê están dirigidos a las mujeres de la zona para paliar algunas de las muchas necesidades que tienen, sobre todo con las derivadas de la guerra que han sufrido y que a día de hoy no ha finalizado.

A modo de conclusión, este es un libro que es de utilidad para todas aquellas personas que no tengan un conocimiento del Kurdistán y del proceso político que está viviendo el pueblo kurdo en las últimas décadas, pues de forma sucinta aporta la información necesaria para que el lector pueda conocer su lucha.

Príapos. Una novela seductora de Daniel Chavarría

Príapos. Una novela seductora de Daniel Chavarría

Príapo en la mitología griega es el dios de la fertilidad, considerado como un dios menor, pues no era de los doce dioses que moraba en el Olimpo. Deidad protectora de los animales del campo y de los productos agrícolas, es hijo de Afrodita, no quedando clara su paternidad. Según la mitología griega, Afrodita fue infiel a Dionisio en ausencia de este, por lo que la diosa Hera decidió castigarla, la tocó, lo que provocó que diera a luz una criatura con un falo enorme, que lo llevaría eternamente erecto. Es por ello que este dios da nombre a la enfermedad del priapismo, que consiste en tener una erección continua y dolorosa del miembro viril, sin apetito venéreo.

Príapos
Imagen del dios Príapo

Esta enfermedad será el hilo que utilice el escritor Daniel Chavarría para ir tejiendo la novela “Príapos”, y alrededor de ella el autor nos irá construyendo una trama en la que tratará diferentes temas con toques de ingenio, en algunos momentos la tragedia sobrevuela la novela, y en ella no falta la sensualidad.

En enero de 2005, Daniel Chavarría recibió el premio Ciutat de Palma de novela en castellano “Camilo José Cela” por este relato, que en un principio fue editada con el título “Lo que dura dura”. La edición que he utilizado para leerla es la publicada por Editorial Txalaparta en 2010, con el título “Príapos”.

La novela está construida a través de cuatro amigos de la infancia y los diferentes caminos que seguirán cada uno de ellos: un médico, un investigador y dos delincuentes.

El Bebo, uno de los personajes principales, es un joven médico que da sus primeros pasos en la profesión ejerciendo en el medio rural, se encuentra en su consulta con varios casos de priapismo, teniendo todos ellos la misma procedencia geográfica, una pequeña comunidad rural de la sierra oriental de Cuba, la comunidad de Cuchuflí Arriba, por lo que decide buscar una explicación científica a ese fenómeno.

Con la investigación como tronco vertebrador de la novela, el autor nos va haciendo un relato de las diferentes vicisitudes en la vida de los cuatro amigos, una relación forjada en la infancia y como va evolucionando a lo largo de los años.

El devenir de la vida de los cuatro amigos, junto a la aparición de una serie de personajes le servirá al autor para adentrarnos en la sociedad cubana y conocerla algo más en profundidad. En ese ambiente, el lector se encontrará la combinación de culturas y religiones que se dan en el pueblo cubano. Esa cultura afroamericana, en la que se mezclan costumbres, divinidades y ritos de religiones procedentes de África, la práctica de la santería (que es una mezcla de la religión africana de los Yorubá y la práctica de la fe católica), en un país donde la mayor parte de la población se declara cristiana, pero, que no por ello en muchos casos comparten costumbres y prácticas religiosas de las existentes en la Isla. Y todo ello, dentro de un país socialista, que se declara laico, en el que existe una separación real del Estado y de las instituciones religiosas.

Daniel Chavarría introduce dos elementos en su novela que son el machismo y la homofobia y como eran tratados dentro de la sociedad cubana en los años en los que se desarrolla el relato.

La novela está muy bien ambientada en la Cuba de la Revolución y en la década de los noventa del siglo pasado, durante el Período Especial con la caída de la Unión Soviética y los países del Este.

Esta novela de Daniel Chavarría se caracteriza por la utilización del lenguaje popular, con sus expresiones propias y la terminología recibida de las culturas que han contribuido a formar la actual sociedad cubana. Por ello, en la edición que he manejado, al final del relato, el lector encontrará un pequeño diccionario con una serie de cubanismos y términos en lengua yoruba, ordenados alfabéticamente, que son imprescindibles para poder seguir la novela.

Es una novela de lectura ágil y rápida, pues no supera las 190 páginas en la que el autor sabe ir marcando los tiempos del relato de tal forma que te va a enganchando.

Príapos. Editorial Txalaparta
Príapos. Editorial Txalaparta

31 vidas antifascistas vascas

31 vidas antifascistas vascas es una vacuna contra el olvido

Hace unos días leí una noticia en la que se daba cuenta del descubrimiento de una fosa común de la Guerra Civil en el cementerio de Amorebieta-Etxano. Según Euskal Prospekzio Taldea, en ella podrían encontrarse gudaris, milicianos y fallecidos procedentes del hospital que hubo en esta localidad durante la Guerra Civil. La noticia, que me llegó a través de un amigo y activista del Foro de la Memoria Histórica de Guadalajara, se cruzó con la lectura del libro, que tenía entre manos, titulado “31 vidas antifascistas vascas” (Desacorde Ediciones) del periodista Iban Gorriti González, publicado a finales de 2022. El artículo y el libro tienen dos nexos de unión entre sí, el primero no es otro que rescatar la memoria de todas aquellas personas que sufrieron el fascismo a partir del golpe de Estado que dieron militares españoles con la finalidad de derrocar al gobierno legítimo de la República e instaurar un régimen fascista, sustentado en el terror a la población, y el segundo nexo de unión es que, casualmente, ambos textos son del mismo autor.

Monte Kolitza

El espacio de tiempo comprendido desde el 18 de julio de 1936, momento en el que se produce la asonada militar, que fracasó en su intento de derrocar de forma fulgurante la República, derivando en una guerra, hasta la caída del frente vasco en julio de 1937, después de la batalla del monte Kolitza, se puede definir como los días más negros que vivió el pueblo vasco a lo largo del siglo XX. El terror y la destrucción se impusieron a la voluntad de un pueblo de vivir en paz y libertad. En este periodo de poco más de un año, los ejércitos totalitarios de la Alemania nazi, la Italia fascista y la España franquista tuvieron tiempo más que suficiente para demostrar al mundo las barbaridades que tenían reservadas para las poblaciones civiles que no estuvieran en su bando. Bombardeos, entre otros, como los de Otxandio, Durango, Gernika, Amorebieta-Etxano o Galdakao, eran el preludio de lo que el fascismo sería capaz de hacer en los siguientes años a lo largo y ancho de Europa.

Mural plaza de Andikona de Otxandio

Tenemos la obligación moral de que hechos como estos no caigan en el olvido para que sean recordados y tengan conocimiento las nuevas generaciones, y con ello, rendir un homenaje a todas esas personas que formaron parte de la resistencia antifascista y de “aliviar el dolor” que a día de hoy sigue produciendo. Con ese deseo traigo este libro, que no defrauda en esta labor áspera pero imprescindible.

Hay lecturas que, siendo desgarradoras, son necesarias porque son un antídoto contra el olvido, y ayudan a mitigar el dolor producido por el fascismo y la obra de Iban Gorriti es una de ellas. En este libro hay una recopilación de los avatares de un puñado de personas que vivieron en sus propias carnes la tragedia que supuso el fallido golpe de Estado militar de 18 de julio de 1936 y que en una guerra con el fin de derrocar a la legalidad vigente, que no era otra que la Segunda República, para instaurar un régimen totalitario al estilo de sus aliados: la Alemania nazi y la Italia fascista.

En los tiempos que estamos viviendo, con el resurgimiento de esa extrema derecha, que no deja de ser el fascismo del siglo XXI, que tiene como uno de sus objetivos el blanqueamiento de todo lo que supuso el golpe militar de julio de 1936, “la mal llamada guerra civil” y varias décadas de dictadura, “31 vidas antifascistas vascas” es una vacuna contra el olvido y un bálsamo contra ese dolor que se ha acumulado, “alivia el poso del dolor franquista y otros fascismos y reduce el afán de tiranía” y así lo resume el prólogo del libro cuyo autor es el actor Juanjo Otero: “Este es un libro antifascista. Por eso es necesario. Por ello, restaura y por eso mismo duele y libera. Por eso hace justicia”.

Iban Gorriti recoge la experiencia vital de 31 personas que de forma directa vivieron la guerra y la represión fascista, pero no cabe ninguna duda que esta cifra podría ser casi infinita. Desde Tudela hasta Muskiz y de Isaba al Valle de Añana podríamos encontrar innumerables historias y vivencias de ciudadanos que sufrieron aquella época negra.

Este libro es un ejercicio de “empatía ante el sufrimiento causado” y consigue que todas esas pequeñas historias que recoge pasen de pertenecer a las personas que las vivieron y sus familiares a formar parte de una historia colectiva que nos pertenece, por ello, es fundamental que salgan a la luz, para que puedan ser conocidas y compartidas. Las 31 vidas que encontramos en este libro han abandonado el anonimato y eso ahí queda para el futuro, lo que debería de animar a todos aquellos que en su seno tengan una historia similar a que la saquen del cajón del olvido.

Placa recuerdo Ayuntamiento de Olite

Entre las 31 vidas que recoge este libro se pueden encontrar personas de lo más diverso: gudaris, milicianos, civiles, niñas y niños que sufrieron en primera persona la violencia, o que en el mejor de los casos fueron evacuados fuera de Euskal Herria, viviendo auténticas odiseas. Las personas que dan vida al libro forman un gran abanico ideológico, desde nacionalistas vascos hasta anarquistas, pasado por socialistas y comunistas, pero a todas ellas les unía la lucha contra el fascismo y lo que representaba en los años 30.

Las historias que más impacto pueden causar por la violencia que en ellas se recogen las protagonizan mujeres. En ellas se da la violencia por partida doble: por un lado, la violencia fascista y, por otro la violencia de género. Alguna de esas terribles historias quizá sea más conocida como la que sufrió Maravillas Lamberto[1], pero Iban Gorriti nos da cuenta que no fue la única que sufrió una violencia de este tipo.  La elgetarra Anttoni Telleria vivió una situación muy similar, con la diferencia que en este caso logró salvar su vida. Y no quisiera olvidarme del drama que padeció la zornotzarra Marina García, que desde Villar de Chinchilla (Albacete) acabó recalando en Amorebieta-Etxano, siguiendo la estela de su madre que estaba presa y se encontraba en la cárcel de El Karmelo (Amorebieta-Etxano). En aquella época el fascismo ya practicaba la dispersión.

Si bien las historias que nos trae Iban Gorriti son muy crudas por el sufrimiento que llevan aparejadas, algunas de ellas tienen una cara tierna, como la que protagonizó el donostiarra Clemente Famaraza Sandegi, militante de la CNT y miembro de las Milicias Antifascistas Vascas (MAV) que operaban en Madrid, que donó los 40 duros de su nómina para que las niñas y niños de un hospicio de Madrid tuviesen juguetes el 6 de enero de 1937. Y sin olvidar la historia de amor de la pareja lodosarra, formada por Amelia Resano y Benito Salvatierra, pues “el padre de él llevó a fusilar a al abuelo de ella” en julio de 1936.

Para algunas de estas personas de las que fueron evacuadas o tomaron el camino del exilio, el sufrimiento no acabó cuando abandonaron Euskal Herria. En el mejor de los casos, algunos fueron a recalar al otro lado del Atlántico, para rehacer su vida lejos de su tierra y con la incógnita de si algún día podrían volver a ella, pasando a formar parte de esa diáspora vasca llevando en la mochila su herrimina[2] particular. Otros, por el contrario, bastante tuvieron con sobrevivir a los horrores de la II Guerra Mundial, sobre todo, los niños de la guerra, los que fueron evacuados a la URSS. Allí volvieron a vivir en unas condiciones infrahumanas, como las niñas y niños vascos que sufrieron el asedio nazi de Leningrado.

Algunas de las personas que recoge el libro de Iban Gorriti han sido tan extraordinarias y diría que irrepetibles, que sus vidas han sido llevadas al cine o sus biografías han quedado recogidas en libros y diversas publicaciones. Fueron personas irrepetibles que en muchos casos a lo largo de su vida se encontraron en situaciones límite, que se dejaron la piel por unos ideales y en algunos casos llegando a dar su vida.

Quisiera resaltar el lenguaje adecuado que en todo momento utiliza el autor, expresiones que sirven para acabar con toda esa retahíla de eufemismos que se suelen utilizar para hablarnos de lo que sucedió a partir del golpe de Estado de julio de 1936. Son varias las locuciones que utiliza pero voy a reproducir una frase que define lo que fue todo aquello: “una guerra que no fue civil, sino militar, causada por un golpe de Estado que atentó contra la ciudadanía que había elegido de forma legítima en las urnas la Segunda República”. No hay nada como llamar a las cosas por su nombre.

Para finalizar, el libro recoge una breve cronología de la Guerra Civil en Euskadi, realizada por Aitor Miñambres Amezaga, director del Museo Memorial del Cinturón de Hierro, y el lector tiene la posibilidad de escuchar mediante un código QR, seis canciones relacionadas con la memoria histórica, compuestas por el autor del libro. También quisiera destacar que la obra tiene una presentación muy cuidada con una amplia gama de fotografías.

[1] Maravillas Lamberto, vecina de Larraga (Navarra), fue violada por falangistas y requetés delante de su padre y posteriormente asesinaron a los dos.

 

[2] Herrimina: Notalgia en euskera.

Portada del libro 31 vidas antifascistas vascas

Gasteiz:“Recuerdos de marzo”

Una novela para recordar los sucesos del 3 de marzo de 1976 en Vitoria

Hay fechas del calendario que año tras año tienen que estar marcadas en rojo, en un ejercicio de recuerdo permanente para que sea transmitido a las nuevas generaciones y en el caso que ahora me ocupa, con mayor motivo, debido a los momentos que estamos viviendo, en el que hay un ataque feroz a todas las conquistas sociales que consiguieron las generaciones precedentes. Una de esas fechas no es otra que el 3 de marzo, en recuerdo de lo que sucedió un día como ese en el año 1976 en la ciudad de Vitoria.

Ese día murieron en Vitoria tres trabajadores a causa de la violencia policial y en los días posteriores fallecieron dos más como consecuencia de las heridas de bala sufridas ese fatídico día. Todo ello sin olvidar que en las protestas que se dieron en el Estado español por los sucesos de Vitoria fallecieron dos personas más, una en Basauri (Bizkaia) y otra en Tarragona también por causa de la acción policial.

La sociedad tenemos una deuda,  aun sin saldar, con todas aquellas personas que se batieron el cobre en aquellos años con el deseo de mejorar las condiciones de la clase trabajadora y en la búsqueda de la justicia social, por ello tenemos que honrar la memoria de aquellas personas que dieron su vida en los sucesos de Vitoria y para ello hay muchas formas: una de ellas es componiendo canciones de homenaje, como hizo el cantautor Lluís Llach[1] y otra es plasmar todo aquello en una novela, pues la literatura es una forma de llegar a las personas que no conocieron esos hechos, lo que resulta muy didáctico y enriquecedor; por ello, para recordar lo que sucedió en Vitoria ese 3 de marzo de 1976 me ha parecido de lo más oportuno traer a este blog la novela “Recuerdos de marzo” (Editorial Txertoa) que el escritor Juan Ibarrondo publicó en 2019 y en la que relata los sucesos de ese invierno de 1976 en Vitoria.

La novela de Juan Ibarrondo está basada en la película “Vitoria 3 de Marzo”, en la que participó como guionista. Suele ser lo habitual que primero sea la novela y sobre ella se realice una película, pero en este caso el orden está invertido. Hace un tiempo que leí la novela y recientemente he tenido la oportunidad de ver la película, que en Internet se puede obtener de forma gratuita. Una vez de haber visto el filme he querido volver a leer la novela de Juan Ibarrondo y tengo que decir que siendo de una gran calidad la película, la novela proporciona una visión más completa, porque relata dos historias paralelas.

Juan Ibarrondo construye un relato con una serie de personajes que vivieron en primera persona los hechos que sucedieron en Vitoria en marzo de 1976, pero evocándolo treinta años después. A lo largo de ese 3 de marzo de 2006 irán desempolvando las vivencias de esos días de 1976 y todo ello en un día tan especial como el treinta aniversario de la matanza[2].

Los protagonistas sobre los que el autor construye la novela, aun siendo ficticios, caracterizan a algunas personas que tuvieron un protagonismo en todo lo que fue el movimiento obrero en Vitoria en los meses que precedieron al 3 de marzo de 1976. En la novela también aparecerán personajes públicos que tuvieron participación y responsabilidad en los hechos ocurridos.

El autor realiza una visión retrospectiva en la que los protagonistas evocan lo vivido en ese invierno de 1976 desde la distancia que supone el haber pasado treinta años, lo que sirve al autor para ir mostrando la evolución que han tenido los personajes que aparecen en el libro a lo largo de ese espacio de tiempo y el posicionamiento político que tienen en 2006.

El argumento de la novela se mueve entre la realidad y la ficción, pues si bien hay pasajes que son fruto del relato que teje el autor, muchas fases del libro están basadas en acontecimientos que sucedieron, y en algunos momentos se narran los hechos acaecidos, como la transcripción de las conversaciones mantenidas en la emisora de la Policía, lo que convierte al libro en una crónica de lo que fueron esos días tan intensos en los que la población reclamaba cambios inmediatos una vez que había muerto el dictador y todo ello perfectamente ambientada en la Vitoria de los años 70.

La novela es una fotografía magnífica de lo que fue el movimiento obrero de la época y las diferentes concepciones de entender la lucha: la partidaria de que la dirección de movimiento residiera en las asambleas de trabajadores, órgano soberano donde se adoptarían las decisiones y los partidarios de canalizar la dirección del movimiento obrero a través de los incipientes sindicatos y partidos políticos que en aquel momento todavía se movían en la clandestinidad. En ella se describe muy bien las luchas existentes en aquellos momentos y la frescura de las luchas obreras de aquellos años, particularmente en la ciudad de Vitoria[3].

Hay algunos pasajes del libro que sirven para poder entender lo que en aquellos momentos se cocía en el Estado español y que leídos a día de hoy sirven para que más de uno pueda entender el devenir que hemos vivido en las últimas décadas. En algunas de  esos pasajes el autor nos muestra el juego de posiciones se dio entre los diferentes sectores que conformaban el franquismo a la muerte del dictador. En el libro se recoge de forma magistral los movimientos tácticos de las diferentes sensibilidades franquistas: el intento de los sectores más aperturistas de proporcionar al régimen una mano de chapa y pintura para que posteriormente desembocara en lo que hoy día es el régimen del 78 y los partidarios del inmovilismo que pedían que el conflicto se resolviera a base de mano dura. Los diálogos que encontramos en la novela entre los empresarios y algunos responsables de los aparatos del Estado están también logrados que se encuentran en esa línea difusa que hacen dudar al lector del grado de realidad o ficción de esos pasajes.

El autor engarza a la trama una serie de luchas y problemas que no dejan de tener relación con lo que es el movimiento obrero. Una de esas reivindicaciones es el movimiento incipiente que se dio en los años 70, todo lo relativo a la liberación de la mujer y lo que suponía ser mujer casada y trabajadora, algo que a día de hoy está superado, o por lo menos, así debería ser. Otro problema que aparecerá en el libro es la inmigración, si a mediados del siglo XX la inmigración llevaba a familias de las zonas más deprimidas del Estado español a Euskal Herria en busca de un trabajo digno, hoy la inmigración viene de otros lugares, pero con el mismo deseo legítimo de buscar una vida digna.

Los pasajes en los que la novela transcurre en 2006 está envuelta en la situación que se vivía en aquellos años en Euskal Herria. Otros momentos convulsos con un conflicto político en el que se dan situaciones de excepcionalidad, que en muchos casos guardan una gran similitud con las que se dieron en 1976 y sobre las que el autor nos dejará algunas reflexiones que leídas hoy siguen teniendo gran interés.

En este recuerdo a los protagonistas del 3 de marzo de 1976, sobre todo a los cinco asesinados, no quiero pasar por alto un dato que se recoge en la novela de Juan Ibarrondo y que a día de hoy sigue estando en el debate político. En los días posteriores al 3 de marzo, los trabajadores que lideraron las protestas fueron detenidos y encarcelados bajo la acusación de sedición. Teniendo en cuenta la legislación que había en aquellos momentos, que no era otra que la legislación franquista, y viéndolo con la perspectiva de casi medio siglo, sin duda sirve para poder discernir mejor la polémica de los últimos meses por la derogación de esta figura del Código Penal y preguntarnos si organizar una huelga general, reunirse en asambleas y exigir la mejora de las condiciones de los trabajadores es un derecho fundamental o uno puede estar bajo la espada de Damocles y correr el riesgo de ser acusado de sedición.

Desde que sucedieron estos hechos han pasado 47 años y a día de hoy se sigue sin hacer justicia, pues ningún responsable ha sido condenado por los hechos que ocurrieron en Vitoria el 3 de marzo de 1976, no se ha reconocido por parte del Estado que la violencia fue generada por los aparatos del Estado y no se ha reparado a las víctimas y sus familiares; así que todavía queda camino por recorrer hasta lograr verdad, justicia y reparación, pero de lo que no cabe duda es que nunca caerá en el olvido y novelas como la escrita por Juan Ibarrondo son una aportación fundamental para ello.


[1] Lluís Llach, al conocer la masacre del 3 de marzo de 1976 en Vitoria, compuso la canción Campanades a morts, en homenaje a los cinco trabajadores asesinados.

[2] El día 3 de marzo en Vitoria-Gasteiz se suele recordar a los 5 asesinados por la Policía con actos de homenaje y una manifestación. En 2006, con motivo del treinta aniversario, además de la manifestación en recuerdo de los 5 trabajadores asesinados, que acabó con cargas de la Ertzaintza, se celebró un concierto de homenaje con la participación del cantautor Lluís Llach, que interpretó Campanades a morts y la participación de la Orquesta Sinfónica de Euskadi y el Orfeón Donostiarra.

[3] Para quien no conozca la capital alavesa de la época, decir que Vitoria-Gasteiz había vivido un proceso de industrialización más tardío que el de otras comarcas de Euskal Herria, pero  siendo importante en las últimas décadas del franquismo. Atrajo a un gran número de familias de fuera Euskal Herria que llegaron a Álava en busca de un futuro mejor que el que tenían en la tierra que se vieron obligados a abandonar. Y este es un detalle importante pues la novela lo tiene presente a la hora de confeccionar a algunos de los protagonistas y la empatía que destilan.

El búho de Ravel. Un homenaje a la música

El búho de Ravel. Un homenaje a la música

Cuando cae entre mis manos una novela de un escritor novel soy de la opinión que hay que tratarla con cariño, delicadeza y gran curiosidad. Quien se pone delante de un folio para escribir por primera vez una novela está realizando un ejercicio de valentía, que yo no sabría describirlo porque en mi caso ni se me pasa por la imaginación la posibilidad de enfrentarme a tamaña empresa. Si el hecho de escribir un artículo me genera una cierta inquietud, pues como decía Maya Angelou, nunca superas el miedo a escribir, en mi caso no quiero ni pensar lo que tiene que ser todo ese proceso que conlleva crear una novela: un camino largo, laborioso y lleno de obstáculos.

Con esas sensaciones que acabo de describir me he adentrado en la lectura de la primera novela de la periodista Olatz Urkia, que bajo el título “el búho de Ravel” y editada por Txalaparta ha sido publicada en noviembre de 2022.

En su primera novela, Olatz Urkia nos trae la historia de Joane, una joven cuyo deseo es llegar a ser pianista profesional, y para ello vuelve a Moscú, su ciudad natal, dejando atrás parte de su adolescencia y juventud vivida en San Sebastián, en la tierra de su padre. Una etapa llena de traumas y de la que intenta escapar pero que en muchos momentos le sigue persiguiendo en sus pensamientos. En esta nueva vida aparecerá una persona, Olga, con la que iniciará una relación que acabará por desestabilizarla emocionalmente y saltará por los aires el equilibrio que necesita para afrontar su mayor sueño: lograr el acceso al conservatorio de Moscú. La novela se adentra en la personalidad de Joane y la huella que le ha ido dejando todo lo vivido a lo largo de su adolescencia y juventud, una mochila de la que no logra desprenderse.

La pasión de la protagonista por la música clásica y el piano es una constante a lo largo de la novela, pues todo su mundo y forma de entender la vida gira entorno a la música clásica, hasta el punto que se convierte en algo obsesivo. Su deseo de llegar a ser pianista profesional es tal, que a la hora de analizar su entorno y las personas que la rodean lo realiza desde el prisma de su amor por la música. Para Joane la música clásica es el epicentro de su vida y el resto de personas y cosas son objetos que giran a su alrededor y así lo expresa en uno de los momentos más dramáticos de la novela: “Nunca querré a nadie que no entienda lo que significa para mí la música”. Realiza algunas reflexiones acerca de los compositores que tiene que interpretar al piano y lo que le transmiten sus obras musicales. Esta novela no se podría entender sin la música clásica.

A lo largo del relato encontramos un puzle de personajes de lo más variopinto y en algunos casos algo desorientados en Moscú, que no tienen ningún parecido entre sí, pero que sirven a la autora para armar la novela. La narración irá girando sobre los sentimientos de Joane y la personalidad de las personas que van apareciendo en su vida, cada una de ellas condicionada por su entorno, sobre todo socioeconómico, lastradas por diversos problemas, familiares, económicos, pero que cada una de ellas adopta una actitud diferente ante la vida. A través de los personajes la autora nos da a conocer la crisis económica que se vivía en Rusia en los años en los que trascurre la novela y la situación socioeconómica en la que estaba sumida la sociedad rusa. Todo ello le da a la novela un tono un tanto gris.

A lo largo de los capítulos, la autora va intercalando situaciones y pasajes que discurren en Moscú y Donostia, pero en este aspecto no quiero pasar por alto lo bien descritos que están los capítulos de la novela que transcurren en el frio invierno moscovita, y el conocimiento que tiene a la hora de detallar los diferentes aspectos de la sociedad rusa, sus costumbres, formas de divertirse, gustos, etc., que se reflejan en el libro al tratar cuestiones como la actitud de la sociedad rusa ante temas como la homofobia, no en vano se aprecian los años que la Olatz Urkia vivió en Moscú y en otros lugares de Rusia. Los capítulos que transcurren en Moscú están ubicados entre 2014 y 2015, años en los que surgió el conflicto entre Rusia y Ucrania, dándose inicio a la guerra en el Donbás.

La novela es de lectura ágil, con algunas escenas algo duras, donde la narración está cuidada. Como me gusta la música clásica, la novela ha tenido un atractivo más. En mi caso la protagonista como el resto de personajes que la acompañan me han servido para que me surjan algunas preguntas y reflexiones acerca de ellos: su forma de entender la vida, afrontar sus miedos, angustias, sueños y proyectos, y cada uno desde una óptica diferente.

Para finalizar puedo decir que después de haber leído la primera novela de Olatz Urkia me ha causado una muy grata impresión y la única duda que me queda es si habrá un próximo trabajo.

El conflicto de Chechenia

El conflicto de Chechenia

Uno de los efectos que se produce cuando estalla una guerra es que sirve para que el grueso de la población olvide la anterior, lo que conlleva que si uno echa la vista atrás y observa los últimos veinte años, se encuentra un panorama aterrador. La lista de conflictos armados que se han dado en el planeta y que se han ido quedando enquistados en el camino puede ser interminable.

Entre todos los conflictos que han estallado en las últimas décadas hubo uno que en su momento, por diversos motivos, lo seguí con cierto interés, y que a día de hoy sigue sin resolverse, porque la forma en la que se zanjó fue manu militari y todo lo que finaliza de ese modo, continua y, con el tiempo, acaba resurgiendo. Me estoy refiriendo al proceso que se vivió en Chechenia desde la caída de la Unión Soviética, con su declaración de independencia en 1991 y las dos guerras que se dieron en un periodo de diez años.

Chechenia pasó de ser portada en los medios de comunicación internacionales, entre los años 1994-2004, a caer en el mayor de los olvidos, sencillamente, dejó de ser noticia, y cuando abría informativos, el foco de la noticia era algún atentado terrorista en Rusia de alguna de las guerrillas chechenas, obviando las causas del conflicto.

Después de casi veinte años, y no por casualidad, cuando el año pasado estalló la guerra en Ucrania, volvió a hablarse de Chechenia en los medios de comunicación, en esta ocasión para informar que fuerzas de élite del ejército checheno iban a reforzar las filas del ejército ruso y, por otra parte, y con menor ruido mediático, también conocimos, a través de algunos medios de comunicación, la existencia de voluntarios chechenos luchando dentro del ejército ucraniano. Es como si dieciocho años después, el conflicto checheno se estuviese dirimiendo en Ucrania.

Todas estas circunstancias me han parecido lo suficientemente sugerentes para desempolvar el conflicto checheno, y para ello he rescatado un trabajo que con el título “El conflicto de Chechenia” (Editorial Catarata), el politólogo Carlos Taibo publicó en 2004, justo al final de la segunda guerra ruso-chechena de la era postsoviética. En mi caso he utilizado la tercera edición que vio la luz en 2005.

Antes de entrar a comentar el libro, quisiera decir que si hay alguien que es conocedor de todo lo que tenga que ver con la historia de los dos últimos dos siglos de Rusia, la URSS y la posterior etapa postsoviética ese, sin duda alguna, es Carlos Taibo.

A la hora de definir este libro tendría que decir que es algo más que un ensayo. A lo largo de ocho capítulos, encontraremos un trabajo pormenorizado de todos los acontecimientos que se dieron desde el fallido golpe de Estado de agosto de 1991, que desembocó en la desintegración de la Unión Soviética, hasta la finalización de la segunda guerra ruso-chechena en 2004, y todo ello acompañado con una serie de apéndices y bibliografía que son de gran ayuda a la hora de profundizar en el conflicto de Chechenia.

A lo expuesto anteriormente habría que añadir que este libro ayuda a comprender la evolución de Rusia y en qué parámetros se mueve la política del Kremlin desde la desaparición de la URSS, un régimen que, primero con Boris Yeltsin y posteriormente con Vladimir Putin, es muy diferente de lo que estamos acostumbrados a ver en Europa occidental y todo ello con la dificultad que conlleva realizar un estudio sobre un conflicto en el marco del Estado más grande del planeta y en el que la información en muchos casos hay que ponerla en cuarentena por el oscurantismo y la censura que existente desde hace décadas, y por supuesto, teniendo presente que hablar de Rusia, es hablar de corrupción a gran escala, puesto que está enquistada en todas sus estructuras, incluido el ejército.

El autor en 2005, al inicio de su libro, señalaba algunas cuestiones que leídas en estos días, en los que estamos viviendo el conflicto de Ucrania, tienen cierta relevancia porque es algo recurrente observar que la hipocresía de Occidente no tiene límites. Una de ellas es el doble rasero de los países occidentales en lo concerniente a la intervención rusa en Chechenia. El hecho que Rusia fuese “el aliado fiel” de Occidente en aquellos años sirvió para que miraran para otro lado ante todas las vulneraciones de derechos humanos llevadas a cabo por el Kremlin. La otra cuestión no es otra que una actitud muy laxa por parte de Occidente ante el grado de destrucción que se vivió en las dos guerras que hubo entre Rusia y Chechenia entre 1994 y 2004 que sería equiparable a la destrucción sufrida en algunas de la batallas de la II Guerra Mundial (Stalingrado, Dresde), y como botón de muestra encontramos la imagen de Grozni, capital de la república, que quedó reducida a cenizas.

El entorno

Antes de entrar de lleno en los avatares del conflicto checheno, el autor realiza una pequeña introducción para que el lector tenga una visión panorámica de la región del Cáucaso, donde se encuentra la república de Chechenia/Ichkeria[1]. Hay diferentes factores que hacen que la región tenga una relevancia geoestratégica: su situación entre los mares Negro y Caspio, su cercanía al Golfo Pérsico y su riqueza petrolera y gasística. Todo ello conlleva que las potencias de la zona, Turquía e Irán, tengan políticas muy activas en la región, así como EEUU, China y la UE miren a esa zona con gran interés, pero sobre todo, lo que destaca es la “injerencia de Moscú en los asuntos internos de Estados que sólo formalmente se antojan soberanos”.

El conflicto de Chechenia
Un hombre ondea una bandera independentista chechena en Grozni

Al centrarse el ensayo en lo que denomina “el escenario checheno”, el autor, una vez de situarnos Chechenia en la zona septentrional de la cordillera caucásica,  nos da una serie de datos de interés que nos ayudarán a conocer al pueblo checheno. Desde su forma de organización social, la religión que en su mayor parte profesan: “son musulmanes suníes, sobre la base de un substrato sufí”, teniendo en cuenta que “hasta hace poco los signos externos de identidad religiosa eran débiles”. Sostiene que “el peso del islam en modo alguno es despreciable, configurando un significado de identificación cultural”, pero teniendo siempre presente que el conflicto checheno es muy complejo como para invocar como factor principal “el auge del islamismo radicalizado”.

En un viaje a través del tiempo, nos da a conocer una serie de pinceladas históricas que nos ayudarán a conocer al pueblo checheno, destacando los hitos más significativos de su historia, hasta la caída de la Unión Soviética.

Siguiendo una estructura similar, Carlos Taibo realiza un repaso de la economía chechena a lo largo de los últimos siglos, lo que supuso la aplicación de las políticas estalinistas, teniendo en cuenta todo lo relativo a las reservas de combustibles, la industria de refinado y los oleoductos que atraviesan este territorio, para concluir que las políticas soviéticas tuvieron como consecuencia que “el beneficio procedente del petróleo no revertía en la esta república”.

Chechenia/Ischkeria de Dudáyev

Una vez de haber puesto unas bases para que el lector tenga unos conocimientos del Cáucaso septentrional y de Chechenia en particular, el ensayo nos introducirá en esa etapa vertiginosa que se inició con el golpe de Estado fallido de agosto de 1991, que abrió paso al proceso que llevó a Chechenia a proclamar su independencia, erigiéndose Dudáyev en líder de la república, hasta el inicio de la primera guerra en 1994.

Carlos Taibo se adentra a dar una serie de motivos por los que se dio en Chechenia y no en otros lugares de la Federación Rusa una apuesta por la independencia. Desde la singularidad de su organización social, pasando por “el fracaso de la rusificación y la posterior sovietización”, sin olvidar la influencia ejercida por la riqueza de esta república en petróleo, pero entiende que “mucho mayor relieve había tenido la noción de sufrimiento colectivo” reflejado en la conquista militar rusa en los siglos XVIII y XIX y la deportación a Asia Central en 1944, siendo de menor influencia el factor religioso.

La relación entre la Federación Rusa y Chechenia es analizada en este trabajo, donde encontraremos algunos hechos relevantes que, sin lugar a dudas, nos pueden chocar por la forma de actuar de las partes en conflicto, teniendo presente el enquistamiento de la corrupción y las redes mafiosas.

En una región como el Cáucaso que destaca por la diversidad étnica, esta se refleja en las diferentes disputas territoriales y políticas y en las alianzas que se dan, sobre todo por parte de Chechenia para contrarrestar la presión rusa, y para ello el autor hace un repaso a esta cuestión señalando, entre otras cuestiones, los esfuerzos que realizó Dudáyev “encaminados a crear estructuras comunes al conjunto del Cáucaso septentrional”, entre las que destacó la Conferencia de Pueblos Montañeses del Cáucaso.

En todo este proceso de desintegración de la URSS, con la declaración de independencia de las antiguas repúblicas que formaban parte de ella y las demandas independentistas de las repúblicas autónomas que constituían la Federación Rusa en la era soviética, Carlos Taibo no deja pasar por alto la importancia que tuvo la estrategia seguida por Moscú, a la hora de enfocar el problema territorial existente y los diferentes vaivenes que se dieron.

La primera guerra ruso-chechena postsoviética (1994-1996)

Al adentrarse en lo que fue la acción militar de Rusia en Chechenia, Carlos Taibo realiza un análisis pormenorizado de los factores que llevaron a la Federación Rusa a iniciar la invasión de Chechenia. Son varios los argumentos que maneja, si bien todos giran alrededor de “la vida política propia, y los intereses generales de la Federación Rusa”. Desde la instauración de “un discurso imperial”, hasta la necesidad de poner el foco en la “búsqueda de enemigos externos” para desviar la atención de los graves problemas internos, sin olvidar la situación socio-económica que se vivía en Rusia y la importancia de la ubicación geoestratégica que suponía para Rusia el Cáucaso septentrional. Moscú tenía que evitar que otros pueblos del Cáucaso se mirasen en el espejo checheno.

Las relaciones entre las mafias rusas, en concreto, las relacionadas con los militares rusos, y los dirigentes chechenos no pasan desapercibidas para el autor, para lo cual recoge algunas teorías y evidencias al respecto.

En lo concerniente a la guerra, Carlos Taibo expone el auténtico fracaso que supuso desde el punto de vista militar, “una decisión adoptada por el poder civil de Moscú”, y que “provocaron una violencia ciega e ineficaz a menudo aplicada sobre la población civil”. El ensayo aporta datos de observadores internacionales sobre el grado de destrucción que se dio, muy superior a que se dio en Bosnia o actualmente en Ucrania.

En el ensayo se destaca que desde el comienzo de la guerra se vivió una crisis política profunda en Rusia, que se extendió a las fuerzas armadas, con los partidos de la oposición  y una opinión pública en contra de la guerra. Si a esto se suma la inminencia de unas elecciones presidenciales, Moscú tenía motivos más que suficientes para llegar a un acuerdo con los lideres chechenos.

El acuerdo de Jasaviurt y el interregno de paz y caos (1996-1999)

En el ensayo encontramos los acuerdos que firmaron ambas partes en la localidad daguestaní de Jasaviurt que da nombre al tratado y a qué compromisos llegaron, que se pueden resumir en: un alto el fuego duradero, la retirada del ejército ruso y el desarme progresivo de la guerrilla, inicio de un periodo de cinco años para lograr la normalización del país y el inicio de un proceso de autodeterminación

Al analizar esta etapa, Carlos Taibo nos da algunas claves que nos sirven para poder entender las tensiones que se vivieron y en lo que derivó, pero sobre todo, tiene una especial importancia las luchas internas entre los diferentes líderes chechenos, a lo que se le sumaba que era un entorno donde las mafias se movían a sus anchas en todo tipo de negocios turbios, y la imagen de los guerrilleros, que en muchos casos, pasaron a parecer delincuentes por la violencia que ejercían. El autor, en este trabajo, sostiene algunas teorías interesantes para explicar las situaciones de tensión que se daban en la zona y los oscuros intereses que existían para boicotear la normalización de la república caucásica.

Carlos Taibo es muy elocuente a la hora de analizar cómo se llegó a la segunda guerra, al exponer los diferentes acontecimientos que se produjeron a partir del verano de 1999 y que desembocaron en una nueva intervención rusa. Uno de los detonantes, pero no el único ,fue el despliegue, en agosto de ese año, en la vecina Daguestán de una guerrilla wahabí, cuyo líder era Basáyev, “sin mayor respaldo entre la población local con el enunciado propósito de acelerar la configuración de una república islámica en el Cáucaso”, los atentados de dudosa autoría que se produjeron en Moscú y otros lugares de Rusia, fueron la antesala del inicio de la segunda guerra ruso-chechena. Lo que sí que es un dato constatable, que se recoge en el libro de Taibo, es que el efecto principal de los atentados de septiembre de 1999 no fue otro que el cambio de opinión que se registró en la población rusa y en los principales partidos de la oposición en Rusia sobre la forma de resolver el conflicto checheno.

La segunda guerra ruso-chechena postsoviética (1999-2004)

Carlos Taibo se adentra a analizar el cambio de rumbo que tomó el conflicto checheno con la llegada del nuevo primer ministro ruso, Vladimir Putin, con el inicio de la invasión de la república chechena el 1 de octubre de 1999, para dar por finalizado todo el proceso secesionista iniciado en 1991.

Si en algo pone el foco este ensayo es en dos cuestiones de gran calado. La primera es relativa a la gestión del Kremlin de los medios de comunicación. Esta fue expeditiva con la clausura y el control de los medios que habían sido más críticos. Todo ello llevó a un cercenamiento de la libertad de prensa en todo lo relativo a la información de la guerra o “hechos de terror”. La segunda, es que sirvió para “catapultar a Putin”, supo utilizar el conflicto checheno para fortalecer su carrera política, y combinar los conceptos de imperio ruso y negocio. Y a partir de aquí, iniciar una “apuesta centralista” con un “fortalecimiento impregnado de ribetes autoritarios y recentralizadores”.

Por lo que se refiere a la parte chechena, Carlos Taibo realiza un pormenorizado análisis de las disputas internas entre los líderes chechenos, la irrupción del islamismo, lo que esto supuso, y la influencia en el devenir de los acontecimientos. Al analizar la etapa de Masjádov, sustituto de Dudáyev (primer presidente checheno), expone los virajes que dio en su mandato ante la cuestión religiosa, en un ejercicio de equilibrio ante la presión de Basáyev. Para finalizar, cuestiona el grado de colaboración entre la guerrilla chechena, Arabia Saudí y los talibanes afganos aportando algunos datos de interés, por mucha propaganda de Moscú en esa dirección.

Un conflicto enquistado

El ensayo, al entrar a analizar la fase posterior a la segunda guerra en Chechenia/Ichkeria, relata cómo se instaló el terror ruso ejercido por el ejército, el Ministerio del Interior y la aparición de un terrorismo de Estado que “rivalizaba en crueldad con el no estatal”. Facilita datos espeluznantes de lo que supuso la actuación rusa y todo ello con la “más franca impunidad, sin observadores internacionales, sin periodistas y sin que los propios jueces y fiscales rusos hayan podido trabajar sobre el terreno”.

También hay un apartado para tratar el terror que sembró algunos grupos significados de la resistencia chechena, actos de terrorismo en diversos lugares de Rusia, pero, como en otros pasajes del libro, vuelve a poner el acento en las diversas interpretaciones que se han dado sobre esos hechos. Desde la duda que algunas acciones fuesen ejecutadas por guerrilleros chechenos, como el grado de colaboración que recibían por parte de determinados funcionarios rusos que los “manipulaban a su antojo” para el logro de fines un tanto oscuros.

Carlos Taibo esboza lo que denomina “la normalización putiniana”, que no fue otra cosa que instaurar un gobierno títere en Chechenia, mediante elecciones de dudosa limpieza en la que estaban proscritas las organizaciones secesionistas chechenas y la aprobación de una constitución “draconiana y represiva” que tenía muchas menos competencias que otras repúblicas rusas y con una economía que no levantaba cabeza y en la que seguía habiendo prácticas mafiosas por ambos bandos, con el negocio de la droga por medio que servía para mantener a la guerrilla y seguir comprando armas al ejército ruso. No cabe duda que era una normalidad bastante surrealista.

La trama internacional

En este ensayo hay un hueco nada desdeñable para todo lo relativo a las relaciones internacionales en las que Rusia ha tenido un protagonismo importante en la década de  1990 y principio de 2000. Relaciones internacionales con otras potencias y con organismos internacionales, que en muchos casos estaban influenciadas por las relaciones comerciales y la situación económica rusa del momento. Pero en lo concerniente al problema checheno, Carlos Taibo analiza los movimientos de Rusia tras los atentados del 11 de septiembre de 2001, su relación con EEUU, pues no hay que olvidar que la propaganda rusa se encargaba de vender la imagen que la guerrilla chechena formaba parte del terrorismo islamista, cosa que nunca pudo probar con datos, pero que en Occidente, a partir de los atentados en EEUU empezaron a dar cierto pábulo.

Uno de los más apartados más interesantes que tiene el trabajo de Taibo, es sin duda alguna, las páginas que dedica a los movimientos geoestratégicos de EEUU en la zona del Cáucaso, entre otros motivos, para tener acceso a los recursos de la zona y de Asia, entre ellos todo lo concerniente al petróleo y gas natural. Leído casi dos décadas después, y viendo los acontecimientos actuales en Europa Central y, particularmente, en Ucrania, no cabe duda que sirve para poder entender muchas de las cosas que estamos viviendo en la actualidad. Y centrándose en la política estadounidense en el conflicto checheno, destaca “el doble juego” que realizó EEUU, por un lado, el evitar todo tipo de crítica a Rusia por sus desmanes en Chechenia, y por otro, el “procurar alejar a Rusia-y privarla de negocios-del Caspio y del Pérsico”.

Al tratar la posición de los países que forman la Unión Europea y sus organizaciones supranacionales, este ensayo le asigna un papel que, siendo suaves, se podría calificar de lamentable. El autor lo define como “la miseria de siempre”. Europa, dando una de cal y otra de arena, le exigían a Rusia el respeto a los derechos humanos y una resolución del conflicto mediante el diálogo político, pero se acababa imponiendo la Realpolitik con Rusia, que en aquellas fechas proporcionaba un 16 por ciento del petróleo y un 40 por ciento del gas que consumía la UE. Otro tanto se podría decir del FMI que estaba dispuesto a dar más créditos a Rusia, obviando sus modos de actuar en Chechenia/Ichkeria.

Conclusiones

Carlos Taibo, al acometer las conclusiones a su ensayo, se ciñe a cuatro grandes cuestiones para que el lector termine de formarse una idea completa de la situación de Chechenia/Ichkeria en el momento de la publicación de su libro.

Realiza un análisis, no sin dosis de cierta especulación,  del sentir de la sociedad chechena, en la que destaca, sin duda alguna, el hartazgo con todos y con todo lo acontecido. Es de la opinión que la mayor parte de los chechenos étnicos se pronunciaría en favor de la secesión de Rusia y respecto al crecimiento del islamismo aporta algunos datos de interés que hacen suponer que ha habido una resistencia hacia el islamismo wahabí que no ha conseguido implantarse entre la población.

El debate sobre la autodeterminación se asienta sobre la discusión de si Chechenia/Ichkeria podía ejercerlo al ser una entidad de rango inferior a las repúblicas federadas soviéticas y, por tanto, no ajustada a derecho su declaración de independencia de 1991, cosa que el autor echa por tierra, por lo artificial de la articulación de todo lo que fue la Unión Soviética y sostiene que “la asunción de que Chechenia/Ichkeria es ontológicamente Rusia acarrea una dramática , y fácilmente perceptible, distorsión de la historia”. Incide en la recuperación de un discurso imperial por parte de la Federación Rusa, con tintes militaristas y autoritarios que lo están comprobando en “la periferia de la antigua Unión Soviética”. Y en este apartado es muy crítico con Occidente por haber “dado alas a una serie de operaciones” en las que Rusia ha empleado una “violencia indiscriminada que ha ocasionado numerosísimas víctimas civiles”. Para finalizar, el autor deja una duda en el aíre que no había despejado en el momento de publicar este ensayo: “No estaba claro si los intereses occidentales pasaban por una Rusia débil o, por el contrario, reclamaban una Rusia que ejerciera un ferrero control sobre su patio trasero”[2]. No cabe duda que sería interesante volvérsela a formular en la actualidad.

En su tercera conclusión trata el enfoque que se ha dado al tema islamista y el discurso que se ha instalado de ver islamistas por todos lados formando parte de “oscuras tramas internacionales” y las consecuencias que ha supuesto este tipo de análisis “entre la mayoría de los expertos en seguridad” que, entre otras cosas, son remisos a buscar las causas del origen el terror islámico.

Para finalizar, su última conclusión está dedica a Putin, que bajo el título  ¿el Zar listo? partiendo de la base que ha sido escrito hace casi dos décadas, no cabe duda que no debería diferir mucho si hubiera sido escrito a día de hoy. Se podría definir  como una “persona que carece de principios […] y con el objetivo de afianzar inmoderadamente el poder propio”. Me ha llamado poderosamente la atención cuando Carlos Taibo afirma que “Putin no es en modo alguno ese dirigente que siempre se sale con la suya” o cuando dice “de entre los que rodean a Putin, no hay mayor mito que aquel que sugiere que ha puesto firme a los magnates”, cuestiones que las argumenta en su última conclusión.

Para finalizar, este libro de Carlos Taibo nos sirve para rescatar un conflicto olvidado, como es el checheno, que sigue sin resolverse, pero también para poder entender los movimientos geopolíticos en la región de Cáucaso, que la ciudadanía de Europa Occidental quizá los ve con cierta lejanía, pero que no es tal, cuando podemos constatar la influencia que está teniendo en las relaciones de Rusia con EEUU y la UE en particular. Una región ubicada entre los mares Negro y Caspio y limítrofe con Oriente Medio y Asia Central.


[1] Chechenia/Ichkeria es el nombre dado a la república en 1994 por su entonces presidente, Yoyar Dudáyev.

[2] La cita extraída del libro de Carlos Taibo está redactada en presente. Me he tomado la licencia de transcribirla en pasado, puesto que es una reflexión que hizo cuando escribió el libro “El conflicto de Chechenia” en 2004.

La historia oficial

La historia oficial

La historia oficial es aquella que nos encontramos en los libros, la que vemos diariamente en los medios de comunicación, pero detrás de ella encontramos multitud de pequeñas historias en las que los protagonistas somos nosotros, personas anónimas, que carecemos de un altavoz lo suficientemente potente para que puedan conocerse, pero donde hay mucho que contar, porque detrás de cada una de ellas se esconde una parte importante de la historia de la humanidad, esa que los medios oficiales quieren ocultarnos.

Bajo el título “La Historia oficial” (Editorial Txalaparta), Jonathan Martínez hace unos meses  publicó un libro en el que partiendo de su historia personal y familiar, la va entrelazando con diferentes historias ignoradas para la inmensa mayoría y, a su vez, con esos acontecimientos que nos han contado los que controlan el poder, y todo ello a través de una serie de relatos cortos. Para definir este libro el autor utiliza el ejemplo de un vaso que se rompe, el vaso representaría la historia oficial, pero los trozos rotos, que no dejan de ser partes de ese vaso, representan todas esas pequeñas historias desconocidas pero que forman parte de nuestra historia. Este libro intenta barrer todas esas pequeñas historias como contrapunto a la historia de la humanidad.

Una de las características es que es difícil clasificarlo en un género concreto. No es un ensayo, ni una colección de relatos. Se puede decir que no es un libro al uso, pero el autor nos da una pista en uno de los capítulos al definirlo como “un relato de relatos”.

Jonathan Martínez ha sacado a la luz su historia familiar para compartirla con el lector, pero ha logrado algo más importante: que pase a formar parte de todos nosotros. La lectura de este libro nos invita a que demos el paso que él ha dado para que todas esas historias personales no queden silenciadas, pues como muy bien nos dice “escribir es ganarle terreno al olvido” y sin duda alguna con este libro ha logrado ese objetivo. Su historia personal nos trasladará al valle de Karrantza (Bizkaia), pero servirá para llevarnos por otras latitudes y nos descubrirá las conexiones con otros lugares y sucesos que nos relata en su trabajo, pues como nos dice el autor “los destinos privados de las personas arrojan luz sobre el rumbo colectivo de los pueblos”, pues “detrás del yo se esconde un nosotros”. Y de ello da buena cuenta en el libro.

Realmente cuando uno inicia su lectura no sabe lo que se va a encontrar, siendo necesario ir leyendo los relatos para poder ir adentrándose en el libro e ir hilando la relación que hay entre todos ellos.

Al ir desmadejando su historia personal, nos relatará las vivencias de sus abuelos y el descubrimiento de la existencia de un familiar que desapareció en la Guerra Civil. Todo ello le empuja a una investigación que le llevará a recorrer otros lugares y a cruzarse con otras historias anónimas. En ese viaje nos hablará de su bisabuela maestra, de la escuela de Rioseco, de las Misiones Pedagógicas durante la II República, de la represión que sufrió el maestro Teodoro, nos acercará al horror que fue el bombardeo de la plaza de Andikona (julio de 1936) en plenas fiestas de Santamañak y el posterior asedio de Otxandio (abril de 1937), donde se supone que falleció un antepasado suyo luchando en el frente.

En este libro nos muestra que poder y represión van de la mano a lo largo de la historia: los Médicis en Florencia, la inquisición a lo largo de los siglos, el franquismo, el nazismo, las dictaduras militares chilena y argentina y los regímenes actuales, donde “el estado de excepción es cada vez más una forma de gobierno”[1]. Y a lo largo de la lectura de este libro estará presente un compañero de viaje, que no nos abandonará en ningún momento: el miedo. Es la herramienta que utiliza el autor para armar esta obra, pues sin el miedo no se podrían entender los relatos de Jonathan Martínez.

A lo largo de la historia de la humanidad encontramos que el miedo está siempre presente, y al que Jonathan Martínez lo define como “ese gran dictador que escribe la historia”. Todas las citas que hay al inicio de cada capítulo tienen que ver con este elemento y están relacionadas con el contenido del capítulo en el que aparecen. Y de su mano aparece la muerte, pues es el mayor miedo al que nos enfrentamos las personas. Sólo por el hecho de leer las citas que aparecen al inicio de cada relato merece la pena dedicar un tiempo a su lectura.

Jonathan Martínez a la hora de coger un período de la historia oficial para  armar este libro acota la historia en los últimos veinte años, para ello sitúa su inicio en septiembre de 2001, momento en el que se producen los atentados del 11S y finaliza con la huida de los aviones estadounidenses de Kabul. Si la imagen del 11S era gente tirándose al vacío desde las Torres Gemelas, en agosto de 2021 era la de personas queriendo huir de Kabul ante la llegada de los talibanes, y para ello intentaban agarrarse a cualquier parte de los aviones norteamericanos que despegaban de Kabul.

Este periodo de la historia se ha caracterizado por el miedo, que en uno de los relatos nos lo define como “una jaula de rejas invisibles”. A través del libro nos va mostrando que ese miedo ha servido a los que controlan el poder para ponernos ante una falsa elección entre libertad y seguridad. A lo largo de estos últimos veinte años se han producido una cascada de recortes en las libertades individuales y colectivas en aras a una falsa seguridad, pues dos décadas después los talibanes vuelven a gobernar Afganistán y la prometida seguridad solo ha servido para que EEUU haya realizado auténticas masacres de civiles en los conflictos que ha patrocinado. Pero como muy bien dice Jonathan Martínez “un pueblo no permanece unido por lo que todos aman sino por lo que todos temen”, y los que dirigían los designios de EEUU supieron realizar esa lectura en su propio provecho y pusieron en marcha los mecanismos necesarios para que los ciudadanos renunciasen a la libertad, en favor de tener una falsa seguridad. Y como el poder sabe gestionar este tipo de situaciones, la guerra es el mejor aliado para aplicar lo que el autor denomina “la economía del miedo”, es decir, la formula perfecta para que algunos se enriquezcan exportando el terror a lo largo del planeta.

Si en la historia de la Europa occidental hay un personaje que fue un gran conocedor del miedo, ese es Maquiavelo, por ello Jonathan Martínez lo tiene muy presente. El político florentino y algunas de sus reflexiones realizadas durante su exilio sobrevuelan este trabajo. Todo el pensamiento político que elaboró en esa etapa, cuando los Medici los expulsaron de Florencia, está recogido en El Príncipe y en él se plantea el siguiente dilema: qué es lo mejor para un gobernante ¿se amado o ser temido?, pregunta que surgirá en varios relatos, porque “el temor es el gobernante más peligroso”.

Las reflexiones que Maquiavelo realiza en El Príncipe sirven a Jonathan Martínez para trasladarlas a los diferentes acontecimientos que se han vivido a lo largo del siglo XX, porque la obra del pensador de Florencia no deja de ser un libro de cabecera para todo aquel gobernante que basa su autoridad en inculcar el miedo a sus ciudadanos, “basta una cucharada de mano dura para amedrentar a las masas”. Maquiavelo, que con la llegada de los Médicis cayó en el ostracismo, también vivió en sus carnes la crueldad del poder.

En esa labor de ir hilvanando el libro a través de diversas historias Jonathan Martínez une Otxandio, Nueva York, Herāt, Faluya o Kabul, lugares que tienen en común el horror de la muerte y la destrucción. En todos ellos hay multitud de historias personales que no forman parte de esa historia oficial pero que nos pertenecen por muy lejos que se hayan producido.

Algunas de las pequeñas historias del libro recalarán en los centros de tortura de la DINA, Abu Ghraib o Tres Cantos y con ello la sombra de Maquiavelo nos acompañará, pues sufrió los horrores de esta práctica a cargo de los Médicis.

A lo largo del libro hay varios relatos dedicados a la dictadura militar chilena, pero me voy a parar en uno de ellos en los que nos habla de la visita de Milton Friedman al Chile de Pinochet para “predicar el dogma del libre mercado”. Puede parecer un sarcasmo hablar de libertad en una dictadura, pero claro, el libre mercado va de acumulación de riqueza por parte de una minoría y para lograrlo en muchos casos la represión es el instrumento imprescindible. Represión y liberalismo son dos compañeros de viaje. Jonathan Martínez realiza un relato magistral en el que intercala testimonios de represión y torturas con las recomendaciones que Milton Friedman realizó a Pinochet para poner en práctica en Chile. No duda a la hora de buscar un nexo de unión entre la dictadura y las teorías económicas de Friedman: “la matanza y la nueva economía cabalgan codo con codo. Por lo visto, para liberar el mercado había que encerrar a personas”. Para esta historia el autor elige una cita del libro “La doctrina del Shock” de Naomi  Klein que refleja lo que fue la dictadura chilena[2].

El título del libro no es original, el autor lo extrae de un largometraje argentino que trata el drama de los bebes robados durante la dictadura argentina, esas historias silenciadas por la historia oficial y que Jonathan Martínez quiere rescatar del olvido para que formen parte de nuestra historia colectiva, y para ello en uno de esos relatos nos habla de las desapariciones y de bebes robados. Si el tema es duro de por sí, la cita que podemos encontrar al inicio de ese relato sencillamente es espeluznante. Es un pequeño fragmento de una conversación entre un militar golpista y el periodista argentino Jacobo Timerman[3].

En este trabajo el autor recoge una reflexión de Umberto Eco que es el fiel reflejo de la forma en la que en muchos casos se construye la identidad nacional: “Tener enemigo es vital para definir una identidad nacional porque garantiza un obstáculo contra el que medir un sistema de valores. Cuando no existe un enemigo es urgente construirlo”. Me atrevería a decir que esta frase también sirve para construir discursos de corte fascista, vacíos de cualquier contenido.

Jonathan Martínez ha combatido el miedo escribiendo y nos ha obsequiado un libro que rompe moldes por su originalidad y nos ha enseñado que la historia es mucho más de lo que nos cuentan en los libros. La historia nos pertenece porque la construimos todos nosotros.


[1] Cita de Giorgio Agamben recogida en este libro.

[2] Naomi Klein (La doctrina de Shock):“Estaban convencidos de que solo podrían retener el poder si lograban que los chilenos vivieran completamente aterrorizados”.

[3] Conversación entre el periodista Jacobo Timerman y el coronel Ramón J. Camps:

  •  Si exterminamos a todos, habrá  miedo por varias generaciones.
  • ¿Qué quiere decir todos?
  • Todos… unos 20.000. Y además sus familiares. Hay que borrarlos a ellos y a quienes puedan llegar a acordarse de sus nombres.

Los silenciados. El pecado de pensar diferente

Los silenciados. El pecado de pensar diferente

La oscuridad de una noche que parece que no tiene fin, en la que la penumbra y el silencio se adueña de todo, donde las sombras se mueven con la impunidad que le confiere ese ambiente de tinieblas para que el terror campe a sus anchas. Así se podría definir lo que viene a ser una dictadura militar en la que la represión y el terror es el arma que utiliza para que el miedo se apodere de la población.

Una de las dictaduras más sangrientas de los últimos cincuenta años fue la que protagonizaron los militares argentinos entre los años 1976-1983. En esos siete años de dictadura más de 30.000 argentinos fueron detenidos, torturados y asesinados. Como posteriormente se ha sabido los asesinatos podían ser de diferentes formas: torturados hasta la muerte, fusilados después de haber sufrido torturas o lanzados vivos al mar desde aviones. En toda esta orgía represiva no faltó por parte de los golpistas el robo de bebés de los detenidos y posteriormente asesinados. Y todo esto con la permisividad del Comunidad Internacional y la Conferencia Episcopal argentina que para eso el nuncio apostólico Pío Laghi jugaba al tenis con el almirante Emiliano Eduardo Massera, miembro de la Junta Militar.

El periodista Giovanni Claudio Fava en su novela “Los silenciados” (Editorial Txalaparta), publicada en septiembre de 2022, nos traslada a los primeros años de la dictadura militar argentina para rescatar unos hechos que sucedieron en el equipo de rugby de La Plata, del que mataron a diecisiete jugadores en cuatro años. Para construir este relato ha sido fundamental el testimonio del único integrante del equipo de rugby que sobrevivió al terrorismo de Estado promovido por la dictadura de los militares argentinos, Raúl Barandiarán, de origen vasco, pues su abuelo era de una localidad de Gipuzkoa.

Claudio Fava, natural de la Catania (Italia) conoce bien este tipo de situaciones, pues su padre, Giuseppe Fava, periodista y escritor como Claudio, fue asesinado por la mafia italiana. En una de sus estancias en Argentina, el autor tuvo conocimiento de la historia del club de rugby de La Plata y fruto del trabajo de investigación ha publicado esta novela, en la que nos narra como un grupo de muchachos integrantes del primer equipo sufren la represión del régimen de forma despiadada. Su delito no fue otro que “pensar diferente, elevar la voz fuera del coro” y esas cosas los milicos no las perdonaban.

El autor ambienta la novela en la Argentina de 1978, estando cercano el Mundial de futbol, el escaparate que querían utilizar los militares para lavar su imagen cara al exterior. “Argentina, tierra de derechos humanos , porque todo lo demás no es más que propaganda comunista, cosa de melenudos y huelguistas”.

“Los silenciados” recoge fielmente en sus páginas lo que fue el terror de la dictadura militar y el espíritu que representó, que se puede resumir en las palabras del general Manuel Ibérico Saint-Jean, gobernador militar de la provincia de Buenos Aires, “primero eliminaremos a los subversivos, luego a sus amigos y por fin a los indecisos”. Es por ello que en muchos casos la guerra sucia asesinaba a personas “porque no sabían lo que pensaban, y eso les ponía los pelos de punta”. Y para esta labor estaba el “Servicio de Inteligencia del Ejército: los barrenderos de la Junta Militar, encargados de hacer limpieza en el país”. Era lo que Naomi Klein describe en La doctrina del shock cuando habla de los generales chilenos[1]. No cabe duda que los militares argentinos tuvieron en la dictadura chilena el referente más cercano para aplicar la teoría del terror generalizado.

En el relato de la novela se produce el asesinato de Javier, un muchacho del equipo de La Plata a manos de los milicos. Este hecho será la mecha para que este modesto equipo rete al régimen militar con diez minutos de silencio antes del inicio del siguiente partido. Esta “afrenta a los militares y sus esbirros hecha sólo de silencio, había dado la vuelta al país” y será el detonante para que a partir de este momento, y en vísperas del Mundial de futbol, los cuerpos represivos pongan en su punto de mira en los jugadores de este club. Todo esto dará inicio a una espiral de represión que va a encontrar una respuesta colectiva por parte de este grupo de muchachos, seguir jugando el campeonato de rugby como forma de enfrentarse al poder. Fue su modo de “no darles la razón y una manera de honrar a los compañeros muertos”.

En la novela del periodista Claudio Fava sobrevuelan conceptos habituales en situaciones de terrorismo de Estado y guerra sucia, como la utilización de la mentira y la intoxicación informativa para conseguir la impunidad de la represión.

Aunque es producto de un trabajo periodístico, el autor no busca tanto contar hechos como “imaginar los pensamientos y los gestos de aquellos muchachos que prefirieron quedarse y morir”. El autor conserva en la novela el nombre del único superviviente, Raúl Barandiarán, no así el del resto de sus compañeros de equipo.

De la novela me gustaría destacar los diálogos porque se ajustan mucho a las situaciones que se se describen en el libro. Los diálogos entre el protagonista, Raúl Barandiarán y su entrenador, o los que tiene con su pareja, dan cuenta del miedo que se respiraba durante la dictadura militar y la situación dramática que vivía el pueblo. Dentro de la dureza que supone el relato de este tipo de hechos, no ha impedido a Claudio Fava escribir una novela que se caracteriza por una lectura ágil, sencilla  y con ritmo. Por ello la lectura se realiza en un breve espacio de tiempo.


[1] Naomi Klein en su libro “La doctrina del shock” se expresa en estos términos: “Pero encarcelar y matar al gobierno no era suficiente para la nueva Junta Militar chilena. Los generales estaban convencidos de que sólo podrían retener el poder si lograban que los chilenos vivieran completamente aterrorizados, como había pasado con la población de Indonesia. En los días que siguieron al golpe, unos trece mil quinientos civiles fueron arrestados, subidos a camiones y encarcelados, según un informe de la CIA recientemente desclasificado. 5 miles acabaron en los dos principales estadios de futbol de Santiago, el Estadio de Chile y el enorme Estadio Nacional. Dentro del Estadio Nacional, la muerte reemplazó al futbol como espectáculo público”.

Marx y Rusia. Un ensayo sobre el Marx tardío

Marx y Rusia. Un ensayo sobre el Marx tardío

El hecho que en un ensayo confluyan el análisis de la última etapa de Marx con la Rusia de finales del siglo XIX, a priori, quizá no sea un tema lo suficientemente atractivo para adentrarse en esta materia, pero una vez que uno inicia su lectura sosegada, no le queda ninguna duda que ambas cuestiones, y la particular conexión que podemos encontrar entre ellas gracias a esta obra, es un trabajo que no se puede dejar pasar por alto.

Con el título “Marx y Rusia. Un ensayo sobre el Marx tardío” (Editorial Catarata), el politólogo Carlos Taibo ha realizado un trabajo que en poco más de 120 páginas ha profundizado en esa parte del pensamiento de Marx que es poco frecuentada, como es todo lo relativo a los estudios que el filósofo de Tréveris realizó sobre las diferentes estructuras de la sociedad a lo largo de la historia, lo que el autor de este ensayo denomina desarrollo de las formaciones sociales, centrándose en las estructuras sociales precapitalistas. Y todo ello para buscar una conexión entre las ideas que sostuvo Marx en su última etapa y la Rusia de finales del siglo XIX en la que se vivió la experiencia del movimiento  naródniki.

El profesor Taibo plasma en este libro la evolución del pensamiento de Marx, para poner el foco en la última etapa de la vida de Marx, en concreto, a partir de los sucesos de la Comuna de París y plantear si en su última etapa hay un cambio de visión en lo relativo a las sociedades precapitalistas y, lo que es más importe, si este tipo de sociedades podían llegar al socialismo sin tener que pasar por la etapa del capitalismo. Para ello el autor hace un repaso al desarrollo histórico de las sociedades en el pensamiento marxista, el colonialismo, las sociedades precapitalistas y los campesinos, para engarzar con un estudio de la comuna rural en Rusia y el movimiento de los naródkini.

A lo largo de este ensayo, Carlos Taibo tiene presente los estudios que realizaron varios autores entre los que cabe destacar, entre otros, a Teodor Shanin, Godelier y Marcello Musto.

El ensayo se compone de seis bloques en los que desarrolla el pensamiento de Marx en lo relativo a las relaciones sociales, su relación con Rusia, para pasar a exponer lo que fue la Comuna rural rusa, el movimiento de los naródniki y la relación que mantuvo Marx con este movimiento, para finalizar con las conclusiones-reflexiones del autor.

Los últimos años de Marx

La última década de la vida de Marx, en concreto, desde la experiencia de la Comuna de París (1871) hasta su fallecimiento en 1883, es el periodo que despierta un mayor interés a Carlos Taibo.

La experiencia que supuso la Comuna parisina y la represión que sufrió para su derrota marcan el inicio de esa etapa de un Marx que estuvo envuelto en una lucha denodada contra la línea reformista del socialismo alemán e inglés y en la que profundizará en cual debería de ser la actitud ante Estado, cuestión que trató en su trabajo Crítica al Programa de Gotha (1875).

El autor del ensayo plantea que es en esta época cuando Marx “alumbró una nueva vía para la construcción del socialismo” en la que desconfiaba de “apoderarse de la maquinaria del Estado”.

El hecho que el profesor Taibo sea un teórico y defensor del movimiento libertario y la autogestión, nos puede servir para entender su interés por los trabajos que Marx realizó en los diez últimos años de su vida, donde se posicionaba en pro de destruir el Estado burgués y una apertura a las experiencias que se daban en países con sociedades precapitalistas, como era el caso de Rusia a finales del siglo XIX.

Marx y el desarrollo de las formaciones sociales

En lo concerniente al desarrollo histórico de las sociedades nos adentra en las dos interpretaciones que se hacen del pensamiento de Marx. Si era determinista, lo que pudo influir en la teorización que realizó a lo largo de su vida en lo relativo a la evolución de las sociedades y los tránsitos que debían de seguir para llegar al socialismo o, por el contrario, “la obra de Marx se ve marcada afortunadamente por la flexibilidad en el análisis y por la ausencia de esquemas cerrados”, por lo que en el libro se plantea si “realmente el Marx tardío no sería muy diferente de los anteriores”. La lectura del ensayo servirá para que el lector pueda reflexionar sobre esta y otras cuestiones que se abordan.

Al tratar los posicionamientos de Marx y Engels ante el colonialismo, Carlos Taibo se centra en la evolución que se da en el pensamiento de ambos pensadores, que influidos por la época en la que vivieron, pasaron de la aceptación del colonialismo como “un carácter progresivo y beneficioso”, y camino para que todos esos territorios siguieran la estela de la “Europa civilizada” a defender una propuesta anticolonial. El autor recuerda que esta era una postura mantenida por “muchos de los clásicos anarquistas más o menos coetáneos”,  que criticaban “los excesos de la colonización”, pero aceptaban “la idea de que tenía una dimensión liberadora”. Marx superaría ese legado hegeliano, para pasar a defender una propuesta anticolonial.

Esta evolución tiene importancia, pues servirá para que Marx vaya otorgando mayor importancia a países que estando fuera de la Europa occidental, van adquiriendo mayor protagonismo a nivel mundial a lo largo de la segunda mitad del siglo XIX, como es el caso de EEUU y Rusia.

A la hora de analizar el estudio que realizó Marx sobre las sociedades precapitalistas, el autor parte de la premisa que hasta su última etapa “las formaciones sociales precapitalistas sólo atrajeron a Marx como fundamento de explicación de la gestación del orden burgués”, pero eso no fue óbice para que en palabras de Carlos Taibo, “a Marx las sociedades precapitalistas le interesaran, también, por cuanto ofrecían formas de relación humana distintas de las características en el capitalismo”. En este caso hay que tener presente la incesante búsqueda por parte de Marx de una “sociedad sin propiedad privada”.

A la hora de estudiar el posicionamiento de Marx ante los campesinos, el autor volverá a incidir en la evolución del pensador alemán a lo largo de sus diferentes escritos. Desde los pertenecientes a sus inicios, como pueden ser Las luchas de clases en Francia (1850) o el Manifiesto Comunista (1848), en los que los campesinos no salen muy favorecidos, descartándolos como “sujeto revolucionario”, para en sus últimos años mostrar mayor receptividad, como así sucede en la obra Critica al programa de Gotha (1875). El cambio de visión inicial que tenía sobre el campesinado le llevó a sostener que no se debía incluir a los campesinos dentro de las capas reaccionarias de la sociedad. En un libro en el que se estudia a la Rusia de finales del siglo XIX el campesinado tiene una vital importancia, puesto que en la Europa oriental era la clase mayoritaria.

La relación de Marx con Rusia

La lectura de este libro permite acercarse a la visión que Marx tuvo de Rusia a lo largo de su vida. Una percepción, que como se recoge en este trabajo, varió a lo largo del tiempo, teniendo inicialmente un posicionamiento antirruso, al ser este país un régimen reaccionario, una autocracia, nada comparable con los regímenes existente en Inglaterra, Francia y Alemania. En este marco se puede entender la defensa que hacía de una Polonia independiente, pues detrás de este planteamiento se encontraba una lucha contra el zarismo.

Una opinión similar tuvo respecto de la comuna rural rusa, estimando que “estaba llamada a desparecer y no podía servir de sustento a un proceso revolucionario autóctono”. Sin embargo, esta percepción varió diametralmente en el tiempo debido a diversos factores para llegar a plantearse “si la comuna rural podía servir de fundamento para una industrialización no capitalista”. Esta evolución le llevó a un acercamiento al naródnichestvo o, populismo ruso.  

Populismo y comuna rural rusa

En este bloque encontramos un estudio profundo de lo que supuso el movimiento de los naródniki en el último cuarto del siglo XIX y su propuesta de “sortear el capitalismo, sobre la base de una revolución social que debía de surgir de la singularidad rusa, asentada en la comuna rural y en las cooperativas urbanas”.

Para Carlos Taibo, este movimiento tenía claro el papel del Estado en su faceta del ejercicio de la opresión y la represión, lo que le lleva a defender la idea de la “abolición del Estado para liberar a la comuna rural”. El naródnichestvo constituyó “una respuesta a un socialismo, el occidental, que ignoraba las singularidades de Rusia y se articulaba como un proyecto inequívocamente elitista”.

Si bien, en un principio el campesinado fue la preocupación principal de los naródniki, con el paso del tiempo pusieron su interés en el proletario, así como en los estudiantes y los soldados.

Taibo menciona la posición de los naródniki en temas como la igualdad de sexos, la violencia y en materia medioambiental. Favorables a preservar estructuras descentralizadas para evitar las reformas dictadas desde arriba. En palabras de Shanin, se plantearon “la necesidad y la dificultad de combinar el individualismo y el colectivismo bajo el socialismo, el lugar de la ética en la acción socialista”.

La obshina (término utilizado para referirse a la comuna rural rusa) era considerada por los naródniki como un resto del comunismo primitivo. Carlos Taibo nos la define como “una comunidad territorial de autogobierno que en tal sentido operaba en detrimento de la aldea o la parroquia. Era una entidad económica, una fórmula de propiedad colectiva … dirigida por una asamblea”. Para los naródniki era una huella de la tradición colectivista del pueblo ruso.

Karl Marx
Marx y Rusia

La correspondencia de Marx con Vera Zasúlich

En este ensayo hay un análisis acerca de la posición de Marx ante la comuna rural rusa, y para ello el autor bucea en la comunicación epistolar que mantuvo con Vera Zasúlich, militante naródnik que con posterioridad militó en el marxismo.

El autor expone el valor que Engels da a la comuna rural en el marco de la Rusia de la época, que la ubicaba dentro de lo que denominaba comunismo primitivo que no podía ser la base de una estructura socialista, a no ser que hubiera una fuerza externa que lograse dar ese salto. Las ideas de Engels se contraponían con la postura que acabó manteniendo Marx, producto de sus estudios acerca de las sociedades precapitalistas.

A la hora de tratar este bloque del libro, Carlos Taibo realiza un estudio teniendo presente no sólo la respuesta que Marx envió a Vera Zasúlich, sino también los borradores de carta que redacto y que no llegó a enviar. Esos borradores sirven al autor para exponer que las teorías recogidas en El Capital y en otras obras eran de aplicación exclusiva en Europa occidental y servían para explicar el tránsito del feudalismo al capitalismo. Por tanto, en palabras de Marx “el precedente occidental no prueba nada”, llegando a rechazar de forma expresa “haber diseñado una teoría de aplicación general y universal”. Se desmarca de estudiar los diferentes procesos históricos “con la clave universal de una teoría general de filosofía de la historia”.

Carlos Taibo recoge comentarios y análisis de autores como Maximilien Rubel, Roberto Finelli o Poggio, que afirman que para Marx la comuna rural rusa era una herramienta válida para que el individuo se desarrollara de forma individual y colectiva. Y en palabras de Poggio, “la comuna rural rusa no era un obstáculo para el socialismo, pero sí lo era, en cambio, para el capitalismo”.

Llegados a este punto se podría volver a plantear si Marx realmente era determinista cuando tuvo este acercamiento a la comuna rural. El autor nos dice que en los años finales el pensador alemán tiene en mente “vías de transformación que no reclaman un desarrollo de las fuerzas productivas en clave capitalista”. Y por ello desarrolla en esta obra el interés que tuvo por las sociedades no occidentales y precapitalistas. Entiende que Marx no se posiciona en favor de una concepción mecanicista de la necesidad histórica.

Conclusiones

En este último bloque del ensayo el autor hace una pequeña exposición de las diferentes teorías existentes sobre los cambios producidos en el Marx de los últimos años y las percepciones que tuvo de Rusia. Se pregunta si hubo una continuidad en su pensamiento o, por el contrario, se dio una ruptura, para ello, expondrá las teorías de diferentes autores sobre esta cuestión para resaltar el interés de esta última etapa del pensador alemán.

Donde se puede atisbar una crítica por parte de Carlos Taibo al pensamiento de Marx es a la hora de tratar conceptos como la centralización de los medios de producción en el marco de la industrialización y la tecnología. Es en esta cuestión donde el autor manifiesta que Marx no abandonó sus teorías en lo relativo a la “centralización de las grandes explotaciones , de la producción industrial y de las tecnologías acompañantes”, en línea con su idea que “la centralización de los medios de producción y la socialización del trabajo acabarían con el capitalismo”. Entiende el autor que hay un alejamiento de cualquier planteamiento autogestionario por parte de Marx como de Engels.

El ensayo dedica un pequeño apartado a comentar el pensamiento de Engels, donde destaca algunas diferencias, que se acentuaban en el pensamiento que mantuvo Marx en los últimos años de su vida, en concreto en la visión que tenían sobre Rusia y la comuna rural, pues entiende que mantenía una teoría más mecanicista de la concepción materialista de la historia.

Carlos Taibo deja para el final de sus conclusiones tres apartados muy recurrentes en el debate de las ideas que se dio en el campo del marxismo desde finales del siglo XIX hasta la Revolución bolchevique de 1917.

El primero es el relativo al Estado y Poder, donde defiende la “inflexión libertaria” de Marx, para ello el autor toma como eje de su argumentación la obra que dedico a la Comuna de Paría, La guerra civil en Francia (1871), donde plantea acabar con la maquinaria del Estado burgués por ser el instrumento de la dominación de clases. Taibo nos expondrá algunas visiones de diversos autores que sostienen la importancia de esta obra, tanto a la hora de tratar el tema del Estado, al haber quedado un tanto marginado en el Capital, como en el campo de la dialéctica contra sus detractores anarquistas.

En el segundo apartado Carlos Taibo reflexiona sobre “en qué medida los avatares de su vida, la reflexión sobre su trabajo teórico y sus desencuentros políticos” pudieron influir en los pensamientos de sus últimos años. El hecho que los socialdemócratas alemanes y los socialistas ingleses adoptaran posicionamientos más moderados dentro de la Internacional le lleva a plantear al autor que generó un rechazo en Marx y, a su vez, puso el foco en Rusia, lugar donde su obra empezaba a tener adhesiones. Todo ello le hizo modular su visión de otras realidades para analizarlas con una visión más comprensiva, cosa que no había hecho con anterioridad.

El último apartado lo reserva para lo que el autor denomina “el experimento bolchevique”, que si bien se produce pasados más de treinta años de la muerte Marx, el autor lo incluye en el ensayo para realizar una comparación entre el Marx tardío y la evolución de la Unión Soviética. Muy crítico con la experiencia bolchevique, al aplicar un modelo sui generis de producción capitalista con la disolución de la comuna rural rusa y la instauración por Stalin de una “propiedad burocrática estatalizada y nunca socializada”.

En palabras de Taibo “Lenin se inclinó por abrazar una interpretación acrítica, mecánica y determinista de las teorizaciones del Marx maduro”. En un pais en el que el proletariado era minoritario, el autor entiende que la burocracia soviética tiene como objetivo superar etapas “en el desarrollo de las fuerzas productivas” utilizando el modelo capitalismo de forma solapada. Para el autor la burguesía liberal fue sustituida por el Estado y el partido, donde desaparecieron la comuna rural rusa, “los soviets como instancias autónomas” y la revolución social.

El ensayo de Carlos Taibo es un trabajo interesante sobre el Marx tardío y su visión de Rusia en dicha época. No se puede obviar que el trabajo lo realiza desde la perspectiva del pensamiento anarquista, pero eso no le quita ningún ápice de interés, porque es una herramienta para poder debatir sobre todos los temas que desarrolla.

Como comentario personal, en el ensayo he echado en falta, y lo digo más como aportación que como crítica, que no se ha tenido en cuenta una obra que se puede enclavar en la etapa del Marx tardío como es la Crítica al programa de Gotha, escrita en 1875, posterior a los hechos de la Comuna de París, donde hace una disertación del periodo de transición entre la sociedad capitalista y la sociedad comunista que lo define como “dictadura revolucionaria del proletariado”. Esto llevaría a reflexionar como engarzaría la destrucción de la maquinaria del Estado burgués con esa fase intermedia hasta la consecución de la sociedad comunista. Y a la hora de comentar el análisis que realiza de la experiencia bolchevique hay una obra de Lenin que siempre he tenido la sensación que es la gran olvidada y que ha sido obviada en este ensayo. Me estoy refiriendo al Estado y la Revolución. En ella, apoyándose, entre otros escritos de Marx, en La guerra civil en Francia, habla sin ambages de la destrucción de la maquinaria estatal. Bien es verdad que la teorización que realizó Lenin en lo referente al Estado fue paulatinamente marginada, pero eso daría para otro profundizar en otro ensayo.

Adiós muchachos. Una novela negra con acento cubano

Adiós muchachos. Una novela negra con acento cubano

En este mundo de apariencias en el que en muchas ocasiones nada es lo que parece y donde la fachada y la superficialidad esconden realidades opacas, no cabe duda que la novela es un género en el que se pueden construir este tipo de ficciones que dan juego a la trama de la obra. Y esto se ve reflejado en el relato de la novela “Adiós Muchachos” del escritor Daniel Chavarría (1933-2018), una de las obras más importantes de su trayectoria literaria.

Uruguayo de nacimiento, pasó gran parte de su vida en Cuba, donde recaló en 1969. En la isla ejerció como profesor universitario de latín, griego y literatura clásica, traductor de literatura alemana para el Instituto Cubano del libro y realizó guiones para el cine y televisión entre otras actividades, pero sin duda alguna, donde brilló fue como novelista, ganando diversos premios a lo largo de su vida.

Daniel Chavarría  escribió en 1994 “Adiós muchachos” como novela corta para la revista “Crimen y Castigo” y con la que en 2002 obtuvo en Nueva York el premio Edgar Allan a la mejor novela policiaca. Perteneciente al género de la novela negra ha sido publicada en 2013 por el editorial Txalaparta.

Ambientada en la Habana de los años del periodo especial, los personajes que dan vida a la novela son una jinetera, un buscador de barcos hundidos con un historial de estafador y un multimillonario holandés con una juventud un tanto dudosa, llevando en la actualidad una vida desordenada. Truhanes, conseguidores y los encantos de una joven cubana son los ingredientes que Chavarría utilizará para armar esta novela.

Alicia, una estudiante de literatura francesa que abandona sus estudios para dedicarse a la prostitución con la vista puesta en intentar pescar a un multimillonario que le trasporte a otro mundo se encontrará con Víctor, contratado por una empresa para la búsqueda de tesoros submarinos de la que uno de sus propietarios es el holandés Groote. Estos personajes  formarán un triángulo perfecto en el que el azar o un hecho fortuito pero que podríamos definir como golpe de mala suerte originará un vuelco al desarrollo de la novela que trastocará los planes de los personajes que aparecen en el relato.

El infortunio en el que se ve envuelto uno de los personajes principales de la novela servirá para ver la forma de encarar esa circunstancia y, quién sabe, si esa desgracia, como es que entre a escena un cadáver, se puede convertir en una oportunidad única para lograr el fin que tienen en sus vidas que no es otro que obtener dinero fácil para cambiar de forma radical su status. El instinto de supervivencia flotará en el relato hasta el desenlace final.

El autor ha sabido ambientar la novela en la Habana de la década de los noventa del siglo pasado. Personajes como la jinetera o los extranjeros que se dejan caer por la isla maravillados por todo tipo de encantos los encontramos en la obra muy bien caracterizados.

La novela  tiene suspense y en ella encontraremos momentos de erotismo junto con diversas tendencias sexuales en los personajes, pero lo que está presente en muchos pasajes de la novela es el humor, que sirve para diluir la tensión del relato. La novela tiene ritmo, pues es de lectura sencilla y rápida gracias a que la trama de la obra lleva con facilidad al lector. Chavarría es un gran comunicador y esa faceta suya se refleja en su forma de escribir y contar cosas. No hay que olvidar que una de sus facetas fue la de guionista para el cine y la televisión